A medida que pasan los años, las familias dejan de fomentar la independencia de sus hijos e hijas, y comienzan a sobreprotegerlos. Muchos profesores ven en ello la causa de la falta de atención y educación actuales. La frase “los jóvenes son el futuro” ha dejado de evocar un sentimiento de alegría para dar paso a uno de desesperanza.

Muchos estudiantes que suspenden algún examen llaman a su madre llorando. No es raro que las familias se quejen de los profesores en lugar de considerar que es culpa de sus hijos o hijas por no estudiar. Lamentablemente, estas generaciones tienen todo tipo de dispositivos electrónicos. Han crecido en una era de recompensas instantáneas. Tienen cientos de amigos en las redes sociales y muy pocos en el mundo real. Si estos jóvenes no caen cuando son pequeños, debido a la preocupación de sus madres y padres, entonces acabarán cayendo cuando se enfrenten el mundo real. Y eso es peor porque, una vez adultos, las familias ya no van a estar ahí para ayudarles. Muchos llegan a sufrir crisis e incluso depresiones debido a esta sobreprotección. En muchas ocasiones, los padres eximen a sus hijos de las tareas del hogar, porque piensan que las tareas escolares o universitarias son suficientes; incluso llegan a quejarse de que etas últimas son demasiadas. Buscan que sus hijos sean siempre felices, sin darse cuenta de que les hace más daño que bien. Las familias no caen en la cuenta de esto hasta que sus hijos e hijas crecen, se convierten en adultos y dejan de sobreprotegerlos.

En resumen, si esta conducta continúa, los jóvenes siempre buscarán hacer lo mínimo y nunca darán lo mejor de sí mismos. Las nuevas generaciones irán a peor en lugar de mejorar.

Paula Covián Fernández