Para la filosofía, la cultura es un mundo, una historia que nos rodea y forma parte de nosotros atendiendo a nuestra naturaleza, lo que somos y lo que también seremos, es decir, nuestra realidad.
Una de las primeras definiciones de cultura que se conocen es la de Aristóteles, quien la describe así: «Ante toda ciencia, sea importante o insignificante, caben dos actitudes: una, la que merece el nombre de conocimiento científico; otra, la que podemos designar preferentemente como una especie de cultura (paideia)».
La apropiación cultural es la adopción de costumbres o elementos de otras culturas por personas de una cultura diferente, que las utilizan erróneamente. Esta apropiación es frecuente por parte de culturas dominantes, las cuales toman elementos de culturas minoritarias. A este tipo de apropiación, que la mayoría de las veces no respeta el significado original de lo que se apropia, se la denomina “apropiación cultural indebida”. En ocasiones, supone un grave problema para conservar el significado y los simbolismos de la cultura de origen. Aun así, no debemos confundirlo con la aculturación que es la adopción de elementos culturales ajenos, de manera que se respeta su significado original y pasan a formar parte de la cultura que lo recibe.
A lo largo de la historia, han sido muchos los casos de apropiaciones culturales. Un claro ejemplo es la industria de la moda. Sin duda, el mundo de la moda es uno de los ámbitos donde más apropiaciones culturales indebidas se dan. A ello se suma la desinformación de los consumidores de los productos, que no tienen ni idea de dónde provienen o en qué están basados. Ello provoca la natural indignación de las personas de la cultura originaria.
Lucía Rodríguez Fernández