La libertad de expresión ha sido un tema político fundamental de la Era Moderna, desde los antiguos regímenes de los reyes absolutos hasta las actuales democracias. El que se puede decir y qué no es un debate aplicable a casi todo, incluso a nuestra forma de expresarnos. Algunos opinan que todos tenemos derecho a decir lo que deseemos sin consecuencias, mientras que otros opinan que hay unos límites; pero, claro, estos límites no están para nada definidos.
Mi sincera opinión es que, efectivamente, hay unos límites, pero mucho más flexibles menos de lo que algunos estiman. Creo que lo importante es en qué contexto dices las cosas. Por ejemplo, no es lo mismo decir algo en tono humorístico a tus personas cercanas que decirlo a personas que no te conocen. Lo inaceptable es decir barbaridades de manera seria y públicamente. Yo creo que no todas las opiniones son respetables, aunque supongo que cada uno tendrá su propia visión de esto.
José Ibaibarriaga García