Uno de los argumentos más antiguos a favor de la existencia de Dios es de Aristóteles. Para Aristóteles, todo lo que se mueve lo mueve algo (la pelota se mueve, porque alguien la golpea). Por tanto, el movimiento de un objeto siempre viene dado por otro objeto anterior. Desde esta perspectiva, el universo entero es una cadena de acción/reacción formada por objetos que se transmiten movimiento entre sí.

Sin embargo, Aristóteles dijo que esta cadena de movimiento no puede ser infinita, porque, si todo es movido por algo, debe haber un primer motor no afectado. En otras palabras, si todo movimiento es causado por otro anterior, entonces el universo necesita un precursor que le dé todo el movimiento que vemos hoy. Ese motor, que a su vez está parado y nada le mueve, es la primera parte de toda la cadena cinemática. El primer motor es Dios.

Tomás de Aquino continuó este argumento de Aristóteles y añadió más. Tomás de Aquino resume todos los argumentos a favor de la existencia de Dios en su Suma Teológica en las llamadas «Cinco vías». La primera vía, el primer argumento, es el argumento aristotélico del motor inmóvil que hemos expuesto. Pero luego expone otros.

La segunda vía es la vía de la causa eficiente. Según este argumento, todo lo que sucede en el universo tiene una causa. Por ejemplo, la causa del humo es el fuego y la causa del eclipse solar es el movimiento de los cuerpos. Resulta que esta cadena causal no puede ser infinita. Tomás de Aquino dijo que debe haber una primera causa sin causa, la primera pieza de dominó que causó todo nuestro universo. Esa primera causa es Dios.

La tercera forma de probar la existencia de Dios es la vía de la posibilidad y la necesidad. Si el argumento anterior se centraba en las causas y movimientos del universo, esta línea se centra en su contingencia. Todo lo que nos rodea también hubiera podido no ser así, es decir, todo es accidental. Sin embargo, debe haber algo necesario en el universo, porque, si todo fuese accidental, entonces todo sería meramente posible. Para Tomás de Aquino, el ser necesario que sustenta la existencia del universo es Dios.

Un cuarto enfoque teórico para justificar la existencia de Dios son los grados de perfección. Es innegable que existen cosas más o menos perfectas en el universo. Pero, para que exista esta posibilidad, es necesario que haya un ser que sirva de medida, un ser que sea el más perfecto del mundo y permita ordenar las entidades del universo según su grado de perfección. Así como las cosas sólo pueden ser más o menos rojas, porque las comparamos con el rojo, las entidades sólo pueden ser más o menos perfectas, porque hay algo de perfecto en ellas mismas y las comparamos con la absoluta perfección.

Darío Cernuda Vena