La paz es definida por la RAE como el estado de aquel que no se ve disturbado por ningún conflicto o inquietud, un sentimiento de armonía interior. Se cuentan historias sobre personas que han alcanzado este estado mental. Entre ellas, destacan las de los grandes líderes religiosos: Buda y Jesucristo. Pero cada uno entiende esta armonía de forma distinta. Para Buda, era “la iluminación”; y para Jesucristo, un “don de Dios”. Ambos enseñaban formas muy similares de alcanzar ese estado de “gracia”: abandonar los placeres físicos y materiales; no dejarse llevar por la codicia; tener autodisciplina y fortaleza para evitar las conductas imprudentes; y alcanzar el equilibrio emocional, cultivando sentimientos positivos como el amor y la compasión, y evitando los negativos, como el odio o el egoísmo.
Estos personajes legendarios lograron la armonía de forma muy similar, y en entornos también similares. Pero me pregunto si nosotros seríamos capaces de alcanzar esa paz en esta sociedad actual. Yo opino que no; y con ello no me refiero a que sea imposible de alcanzar en nuestra época, sino a que es prácticamente imposible de obtener en la sociedad moderna.
El principal motivo que me lleva a pensar esto es la propia vida moderna, en la que para conseguir cualquier cosa se necesita dinero; en la que se recompensa a las personas egoístas, ambiciosas y avariciosas; en la que se desalienta a aquellas personas altruistas, tranquilas y minimalistas; en la que los primeros se aprovechan de los segundos y a menudo confunden su posición de segundones con debilidades o idiotez. Aunque esto lleva pasando desde tiempos inmemoriales, la situación ha empeorado últimamente por culpa de las redes sociales y de la creciente dificultad de evitar a aquellas personas que te quieren mal. Esta realidad nos ha obligado a cambiar nuestra natural predisposición pacífica para protegernos de abusos y del constante estrés que nos provoca el vivir en continua exposición pública.
El ver que no sea posible o fácil alcanzar la “iluminación” en esta sociedad me deja con una pregunta: ¿Se podrá alcanzar la paz interior más fácilmente en las sociedades del futuro? Quizás este sea el primer paso para alcanzar la paz mundial.
Raúl Llorens García