Si habéis jugado a algún videojuego en el que controláis las decisiones de algún personaje, seguramente hayáis tomado una decisión que perjudique al personaje propio o a otros del entorno.

Esto puede deberse a que, como dijo Lord Acton (un historiador y político inglés) “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En este tipo de videojuegos, el jugador tiene un poder absoluto sobre el personaje, además de no sufrir consecuencia alguna por las decisiones tomadas. Un buen ejemplo sería la saga de videojuegos de los Sims. Este es un videojuego en el que controlas la vida de una familia. Muchos jugadores se han dedicado a encontrar varias formas de torturar y matar a los personajes; la manera más popular de torturarlos quizá haya sido dejándolos encerrados en una piscina hasta que se agotasen y se ahogasen. Otro ejemplo que seguro todos conocemos es el videojuego Pou. En este, se debe cuidar una mascota alienígena. La gran mayoría de jugadores han dejado que su Pou sufra de inanición, de suciedad, falta de sueño y en general lo someten a toda clase de torturas.

La conducta falta de empatía de los jugadores en este tipo de videojuegos nos enseña una lección: el dotar al ser humano de un poder absoluto no es buena idea.

Alejandro Rodríguez Fernández