Muchos hemos crecido oyendo esto. Lo más normal es que todos quieran a sus familiares y estos sean lo más importante de sus vidas. ¿Pero, entonces, es algo monstruoso no tener ese afecto por ellos? ¿Tenemos que aguantar cualquier tipo de actitud con la excusa de que esos malos comportamientos vienen de un familiar?

Nadie escoge la familia que tiene; nadie elige qué madre o qué padre quiere tener, y mucho menos los abuelos, tíos, primos, etc. El tener un buen vínculo familiar es cuestión de suerte. Nos enseñan desde pequeños a no tolerar malos comportamientos de nadie, de ningún desconocido ni de amigos. Pero, cuando se trata de familia, parece que la cosa cambia un poco. Muchos tienen la creencia de que estas cosas pasan y hay que tolerarlas, porque “es tu abuelo, tienes que quererlo”. Este pensamiento es destructivo. Alguien que te quiere y merece tu cariño no te daña. Nadie tiene derecho a tratarte mal, y eso incluye a tu propia familia.

Está mal visto que alguien corte su relación con un familiar. Siempre se tiende a echarle la culpa al afectado. Pero nadie se pregunta qué le habrán hecho para que tenga que tomar esa dura decisión. No se habla suficientemente de lo hiriente que puede ser convivir con alguien que no aporta nada bueno a tu vida. Sólo se espera que te aguantes y lo sigas queriendo. Lo típico que se escucha de que la familia siempre va a estar ahí no se aplica a todas. Hay gente que no sabe ser madre, ni padre, ni abuelo o tío. ¿Vale la pena soportar algo así? ¿Lo soportarías de un amigo?

Hay que apoyar a las personas que estén pasando por algo así. Por mucho daño que te hayan hecho y por mucho que sepas que no te merecen, la decepción que te llevas no es pequeña. Es frustrante que un familiar no sepa darte lo mínimo que se espera de un ser querido. No es fácil tomar una decisión tan complicada como la de respetarte y deshacerte de cualquier persona que te haga daño, por muy interiorizado que tengas el “es tu familia, es lo que hay”. Siempre se debe poner por delante la salud mental propia.

Angels Daniela Espinoza Ojeda