Es fácil pensar que podríamos vivir sólo con unas creencias básicas, con una única forma de pensamiento. Pero la verdad es que eso nos conducirá a un mundo más complejo y lleno de conflictos.

La religión es un pensamiento que permite reflexiones únicas, esperanzas y una forma más cerrada de ver la existencia, el origen y el fin de todo. Esta forma de pensamiento crea una sociedad llena de diferentes comunidades, que más o menos se pueden llegar a entender entre sí.

La filosofía, en cambio, es un pensamiento abierto que permite reflexiones críticas y morales, en las que se explica la forma del saber y ser de todo. Es otra forma de ver la existencia. Asimismo, la filosofía también puede crear comunidades donde se pueda dar el acuerdo y disenso entre unos y otros, pero comunicándose de forma extendida y libre.

Un mundo sin la religión y sin la filosofía sólo desembocaría en conflictos existenciales  y morales, sociales e incluso políticos, sin posibilidad de consenso. La restricción de pensamiento y elección sólo conduce a la desigualdad y la discriminación. En conclusión es que un mundo sin diversidad de pensamientos no es un mundo sin problemas. Es importante preservar un equilibrio entre religión y filosofía para construir un mundo con una actitud tanto más crítica como más esperanzada con la realidad.

Aidé Fernández Martínez