La guerra se define como la lucha armada prolongada entre dos o más naciones; y es que, aunque sea difícil de entender para muchos, la guerra es una de las características principales de la civilización. ¿Pero está la guerra necesariamente ligada a la existencia humana?
Desde los orígenes de la humanidad hasta la formación de nuestros Estados modernos, nosotros hemos cambiado mucho, y también lo ha hecho el modo en que nos enfrentamos entre nosotros. Conforme han pasado los siglos, se han añadido nuevas armas, nuevas estrategias, y hemos alcanzado, con ellas, nuevos niveles de destrucción y barbarie.
Puede decirse que la II Guerra Mundial, con sus aproximadamente 60 millones de muertos, representó un punto de inflexión. Por vez primera, un conflicto hizo temer a la humanidad entera por su propia y total autodestrucción. Desde entonces han seguido existiendo guerras, pero enfocadas de un modo diferente, despojadas de cualquier atisbo de virtud y con una mayor prudencia en lo relativo a ellas por parte de los gobernantes que las ponen en marcha. Con la llegada de las armas nucleares, la humanidad tuvo la certeza de que el próximo gran enfrentamiento podía, literalmente, acabar con la vida en el planeta Tierra.
A pesar de esto, la tendencia autodestructiva y ambiciosa del ser humano provoca que los conflictos entre naciones sigan existiendo. Las grandes potencias buscan la continua mejora armamentística, hasta el punto de que unas pocas personas tienen la posibilidad de apretar un simple botón que podría poner punto final a la historia de la humanidad. El apocalipsis que muchas religiones predicaban no sería a manos de un dios o de ningún otro ser sobrenatural, sino del propio ser humano, tan natural como cualquier otro que exista actualmente en la tierra.
En todos los libros que cuentan la historia de nuestra especie, en los conflictos a gran escala, sean por conflictos religiosos o por mera ambición humana de poder, la guerra siempre ha sido el medio por el cual se ha demostrado la superioridad de unos sobre otros de nuestra misma especie. Las formas de librar guerras han ido evolucionando junto con nosotros. Lo único que no ha cambiado han sido los motivos por los cuales se dan: el deseo de superioridad. En mi opinión, la guerra es connatural al ser humano, debido a que, por mucho que cambiemos, la codicia humana es nuestro instinto más primario y el motivo real de la existencia de la guerra.
Julio García Álvarez