El concepto de felicidad podría definirse como la emoción que los seres humanos ansían alcanzar a través de la autorrealización (“eudemonismo”), para experimentar así placer intelectual y físico (“hedonismo”), y evitar el sufrimiento (“aponía”). Esta definición, defendida por Aristóteles y Epicuro, se aproxima considerablemente a la actual de la psicología moderna, cuya tesis es denominada “medida de bienestar subjetivo”.

No obstante, para alcanzar ese fin, se suele emplear medios externos, como el dinero o los bienes materiales, que, junto a la virtud y al desarrollo personal, nos permitan alcanzar una momentánea felicidad.

Así pues, la felicidad consiste en la búsqueda personal del bien individual, donde no hay más recompensa que el sentimiento de satisfacción o plenitud emocional carente de desdicha.

Paula Monasterio Álvarez