La mayoría de las veces nos sorprendemos cuando la gente nos dice cómo nos ve realmente, pues nosotros pretendemos proyectar una imagen diferente, ya sea consciente o inconscientemente.
Nosotros queremos dar una buena imagen de nosotros mismos; queremos que tengan buena opinión de nosotros. Por eso, algunas personas, en realidad, sólo fingen cómo son. Esto se ve claramente en el caso de los “influencers”. Esta gente, por las redes sociales, te muestran una vida idílica, una forma de ser perfecta. Pero, tras la pantalla, todo es una mentira. Aunque muchas veces tengan el privilegio de ganar dinero tan solo subiendo un video o yendo de viaje, también son personas y pasan malos momentos.
Cuando estamos con gente cercana, nos mostramos tal y como somos. No tenemos miedo a ser juzgados y hay confianza. Por lo tanto, nos sentimos seguros. En cambio, cuando llegas a un sitio y hay un grupo de gente que no conoces, te pones una máscara para no mostrar realmente cómo eres, e incluso falsificas tu forma de ser por miedo a ser juzgado o a que te hagan daño al mostrar tu parte más vulnerable. Y cuando ya llevas un tiempo conociendo a esa gente y te dicen cómo te ven realmente, entonces te sorprendes.
En realidad, la persona es aún más cambiante que el río de Heráclito: nunca es vista dos veces de la misma manera, pues cambia tanto la persona percibida como la forma de quien la percibe.
Pilar Hernández Suárez