La nostalgia es ese sentimiento que, en forma de sombra, nos acompaña durante todas las etapas de la vida, proyectándose sobre los viejos tiempos, esos días que ya se han quedado atrás.

Cuando hacemos el viaje por los recuerdos, añoramos lo que ya no es, todos esos momentos que dejaron una huella en nosotros y, tal vez mientras los vivíamos, no éramos conscientes de la importancia que tendrían en el futuro. La nostalgia también nos invita a apreciar la vida, y a disfrutar al máximo cada momento de ella, porque seguramente en el futuro lo recordaremos y querremos volver a revivirlos. Pero hay que aprovechar este sentimiento no para atascarse en el pasado, sino para abrazar el presente, y anticipar el futuro con optimismo.

A pesar de que es algo que muchas veces nos abruma, la nostalgia también es un aprendizaje que nos ayuda a distinguir las etapas de la vida, y a entender que esta es un constante cambio. Esto último se encuentra recogido en el tópico literario “vita flumen”, que equipara la vida con un río que siempre fluye sin detenerse hasta llegar al mar, “que es el morir”.

Muchas veces, el ser humano compara el presente con recuerdos del pasado, asegurando que todo era mejor antes, y deseando volver atrás. Es también por ello que, en reiteradas ocasiones, intentamos sentir de nuevo esas emociones de tiempos anteriores, para chocar con una barrera de realidad que nos hace ver que nada volverá a ser como antes. Esto es lo que experimentamos cuando, por ejemplo, jugamos de nuevo a ese videojuego que solíamos jugar con nuestros amigos después del colegio, ya sin preocupaciones; o cuando volvemos a los sitios a los que solíamos ir con gente que, por cuestiones del destino, ya no están en nuestras vidas.

De cualquier forma, tenemos que aprender a convivir con la nostalgia de forma positiva, y a adaptarnos al cambio, que muchas veces, no nos deja apreciar la vida ni disfrutarla de forma correcta.

José Martín Chamorro