La creciente ausencia de felicidad en las personas es un tema muy recurrente en la actualidad y, aunque su aparentemente repentino aumento de relevancia no haya convencido a muchos, lo cierto es que lleva siendo objeto de estudio durante siglos; Aristóteles y Sócrates, por ejemplo, proponen que la intención última de los actos de los humanos es alcanzar un estado de felicidad. Coinciden, asimismo, en que todo individuo quiere ser feliz. Partiendo de estas afirmaciones ¿Es posible, entonces, hallar la felicidad en un mundo tan intrincado como el nuestro?

Sócrates, en su teoría de la “eudemonía”, sostiene que la manera de alcanzar este estado deseado es mediante la realización de buenas acciones que darán lugar al bien común. En un contexto más contemporáneo, esto podría traducirse en asistir a clases, estudiar una carrera y obtener un empleo estable. Al fin y al cabo, la responsabilidad también es una virtud genérica cada vez más demandada por la sociedad. Sin embargo, para responder a la cuestión planteada en la introducción, quería discutir este punto de vista, que delimita las maneras de alcanzar el bienestar a actuar de manera virtuosa.

Al indagar sobre la posibilidad de la felicidad, es crucial cuestionar si estas virtudes pueden realmente propiciar un beneficio suficiente en nuestras vidas. Tomando mi propia experiencia como referencia, el asistir al instituto me puede ofrecer una rutina que me permita, momentáneamente, olvidar aspectos desagradables del día a día, pero, de manera contraproducente, me genera otros problemas y dificultades. Así que, hasta las virtudes, como la responsabilidad (en este caso), la paciencia o valentía, pueden, en muchos casos, desencadenar infelicidad.

Pongamos otro ejemplo totalmente distinto, como es el clásico dilema entre dinero o felicidad. Esta relación siempre ha sido objeto de debate. La realidad, desde mi punto de vista, es que, mientras que la seguridad financiera puede contribuir al bienestar, al proporcionar comodidades básicas y reducir el estrés, la felicidad se escapa de los límites de la riqueza material. Aspectos como la salud, ya física, mental o social, y un propósito de vida desempeñan un papel crucial en la búsqueda de la felicidad, terminan condicionando lo que se hace con ese dinero, y en muchas situaciones propician que cierto tipo de personas pierdan el control sobre sus vidas.

En resumen, alcanzar la felicidad plena es casi imposible, pues la búsqueda de esta no se resume en acciones virtuosas. La efectividad de estas en la vida diaria es cuestionable, como evidencio a través experiencias personales y universales. Además, el dilema de dinero o felicidad subraya que la riqueza material no asegura el bienestar.

Ana María Esteban Soto