La reflexión acerca de Dios o algún otro tipo de ser místico es un tema frecuente en la historia de la filosofía, en la que encontramos diversidad de respuestas y posturas. En este artículo no pretendo argumentar acerca de la existencia o inexistencia de Dios, sino que trataré de indagar sobre por qué los seres humanos somos religiosos. Dado que, aunque la ciencia no se ocupe de Dios en el sentido de tratar de demostrar si éste es o no “real”, sí se pregunta por qué existe la religión.

Lo primero que debemos preguntarnos es desde cuándo es el ser humano religioso. Si miramos hacia el pasado podemos ver que todas las antiguas civilizaciones, entre ellas la egipcia, griega o maya, tenían multitud de dioses a los que adoraban. En efecto, la religión forma parte, desde hace miles de años hasta hoy en día, de la cultura humana, y la encontramos en todas sus manifestaciones. Por tanto, evidentemente, los seres humanos, a diferencia de los animales, tenemos la capacidad para desarrollar la religión. Son muchos los recientes experimentos que relacionan las estructuras cerebrales con la espiritualidad.

Ante esto, nos podemos plantear el siguiente dilema: ¿Es Dios la causa de todo y ha preparado nuestro cerebro para poder comunicarse con nosotros, o más bien estos circuitos neuronales son prueba de que Dios es fruto de nuestro cerebro? Esta cuestión nos lleva a distinguir, fundamentalmente, dos posturas que trataré de argumentar a continuación.

Por una parte, varios filósofos han defendido a lo largo de la historia que Dios es la causa o el origen de todo el Universo. Para Aristóteles, uno de los filósofos griegos más influyentes de la Antigüedad, Dios es el “primer motor”, la causa primera de todo movimiento en el cosmos. Esta idea está basada en su observación de que todo está en movimiento, y que éste ha de tener una causa. Esta visión influyó significativamente en filósofos posteriores como Santo Tomás de Aquino, máximo exponente de la filosofía escolástica, que reinterpretó las teorías aristotélicas de acuerdo con la religión. Este, al igual que Aristóteles, identificó la causa primera del movimiento en el mundo con Dios en la primera de sus cinco vías sobre la demostración de la existencia de Dios.

Los filósofos racionalistas consideraron a Dios el fundamento de la razón humana. Es debido a que Dios existe, que podemos progresar en el conocimiento. Además, para Descartes, fundador del racionalismo, la idea de Dios es innata, es decir, está en nuestra mente desde que nacemos, independientemente de nuestra imaginación o experiencia. Según este filósofo, Dios es la substancia infinita, que existe y no necesita de otra cosa para existir, y que crea dos substancias finitas: la substancia extensa o cuerpo y la substancia pensante. Asimismo, Dios es el principio de un enorme mecanismo, el Universo, al que dio movimiento en el momento de su creación.

Actualmente, se atribuye el origen del cosmos a una enorme explosión conocida como Big Bang. Aun así, cabe preguntarnos qué o quién originó esa explosión. Es cierto que el Universo es algo extremadamente complejo, pero, si pensamos en el ADN de nuestro propio cuerpo, vemos igualmente una estructura brillante, que parece imposible que sea fruto de la casualidad. El científico Charles Darwin expresó esta idea al escribir: «Parece absurdo de todo punto suponer que el ojo, con todas sus inimitables disposiciones, pudiera haberse formado por selección natural”. (Miranda, 2021)

Como vemos, son varias las posturas que identifican a Dios con el origen o una causa primera del mundo. No obstante, estos argumentos han estado sujetos a varias críticas y dificultades a lo largo de la Historia.

Por otra parte, varias teorías argumentan que la idea de Dios es fruto de nuestra razón. Entre ellos, David Hume, filósofo empirista, somete a crítica la idea de Dios. Según Hume, la idea que tenemos de Dios es solamente un artificio, producto de nuestra razón. Se trata de una proyección imaginaria generada por nuestra mente y que todos tenemos. Otro filósofo, en este caso del siglo XIX, Karl Marx, vio la religión como una forma de opresión, a la que describió como el “opio del pueblo”. De acuerdo con este filósofo, economista y político alemán, la creencia en Dios sirve para justificar la desigualdad y la explotación, legitimándolas y evitando que las personas se cuestionen la estructura de poder presente, ya que da la esperanza de una vida mejor.

En definitiva, existen argumentos que apoyan ambas posturas: tanto que Dios sea origen del Universo, como que el ser humano haya creado esta idea. Pero, personalmente, estoy más de acuerdo con la segunda.

El ser humano se distanció de los animales en la cadena evolutiva al desarrollar una mayor sociabilidad. A medida que las interacciones con el medio aumentaron, se comenzó a hacer preguntas, como: ¿por qué somos diferentes de otros seres? ¿qué ocurre después de la muerte? Esta última aparece en todas las civilizaciones. Este tipo de preguntas no tienen una respuesta clara. Sin embargo, la religión ayuda a “completar” estos vacíos. Y es que el quitar a Dios de entre las posibles respuestas da lugar a muchas preguntas sin respuesta. Además, es un hecho que la creencia en Dios tiene un efecto tranquilizador en el ser humano. Según declaración del Profesor de Psicología Michael Inzlicht, recogida en un artículo de El imparcial (10/3/2009): «Encontramos que la gente religiosa o incluso aquella que simplemente cree en la existencia de Dios […] sufre mucha menos ansiedad y sienten menos estrés cuando cometen errores».

El avance científico ha dado respuestas a algunas de estas preguntas, lo que ha llevado a un mayor ateísmo hoy en día. El mismo Einstein escribió en una carta dirigida al filósofo Eric Gutkind: «La palabra Dios es para mí nada más que la expresión y el producto de las debilidades humanas y la Biblia es una colección de leyendas venerables, pero más bien primitivas” (Recogido en: Forssmann, 2019).

En conclusión, la religión tiene un sentido práctico, es útil para nuestro día a día, y creo que esto explica que el ser humano sea naturalmente propenso a las creencias religiosas. En mi opinión, la idea de Dios fue, de alguna manera, creada por el hombre para dar respuesta a complejas cuestiones, lo cual no significa que Dios sea el origen de todo.

Maeva Caunedo Sánchez