«Eutanasia» es una palabra, con un origen etimológico rotundo: “buena muerte”. Esto significa ayudar a morir a una persona que libremente lo haya solicitado para liberarse de un sufrimiento que es irreversible y que ella considera intolerable; eso sí, siempre aplicado a un paciente terminal o crónico grave, con la intención de evitar sufrimiento y dolor. A diferencia de los seres inertes, los que están dotados de vida, en estado normal, tienen capacidad de moverse por sí mismos. Estas personas, que quieren acabar con sus vidas, se encuentran en estado vegetal, es decir, que no pueden realizar sus funciones básicas ellos mismos y no quieren seguir viviendo de esa forma.
Todos queremos morir bien, con calidad y calidez humana, dignamente, como el acto final de una vida que ha aspirado a ser también digna. Pero lo que signifique esto ha ido cambiando a lo largo de la historia. El morir en combate, defendiendo la patria, al rey, a la religión o a la ley pudo ser el ideal de muerte digna hace siglos. Pero en nuestra sociedad, el morir dignamente tiene hoy otros matices. Hoy sabemos que significa morir con el mínimo sufrimiento físico y psíquico; morir sin dolor; morir acompañado de los seres queridos; morir en la intimidad personal y familiar; morir sin que el profesional sanitario, con buena intención, pero errado, siga manteniendo los tratamientos que ya no son útiles y sólo alargan el sufrimiento del fin; morir dormido, sedado, si uno lo solicita, y aunque ello pueda acortar su vida; morir a tiempo; morir en paz.
El 17 de diciembre de 2020, el Congreso de los Diputados aprobó con 198 votos a favor la Proposición de Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia. Cuando finalmente se apruebe la ley y entre en vigor, despenalizará la muerte asistida en algunas circunstancias. De momento, el Código Penal prevé condenas de varios años de prisión para cualquier persona que actúe como cooperadora necesaria en la muerte de otra, aunque esta última lo haya pedido libremente a causa de un sufrimiento irreversible e insoportable.
Ninguna ley de eutanasia es perfecta, fundamentalmente por la exigencia de unos requisitos. Si el médico comprende que para esa persona la muerte que desea es la opción menos mala y se siente comprometido a ayudarle, ¿por qué algunas personas ajenas a ellos les impiden llevar a cabo su decisión de morir? Deberíamos ayudarles a cumplir su voluntad.
Clara Robles González