El concepto de ansiedad se determina como un estado mental que se caracteriza por gran inquietud, intensa excitación y extrema inseguridad. ¿Pero qué hay más allá de eso, más allá de la definición tradicional?
Muchas veces, la gente tiende a autodiagnosticarse dicha enfermedad, pensando que solo consiste en un simple agobio o estar nervioso por algo, aunque realmente nada se aleja más de la realidad que eso. La ansiedad es ese estado que se apodera de tu mente de todas las formas posibles, dejando de ser tú y siendo dominado por tus pensamientos. Ahí es donde nos damos cuenta del gran poder que tiene la mente frente a nosotros. Somos lo que somos gracias a ella. Por ello, cuando algo se sale de lo normal, de lo esperado, bien sea un comentario, una crítica, una noticia o un suceso inesperado, eso nos ocasiona una preocupación excesiva. Muchas personas no lo toman como un auténtico problema. Pero puede llevarte hasta el límite. Cualquier cosa insignificante tal vez ronde por tu cabeza una y otra vez. Te preocuparás constantemente por no romper a llorar sin motivo ni sufrir un ataque delante de todos.
Miedo, frustración, temblor y pánico son los síntomas más claros durante un ataque de ansiedad, junto con la mayor impotencia que se pueda llegar a sentir. Es un sentimiento que te embarca en una espiral de la que cuesta mucho salir. Debido a eso, las personas que la padecen no tienden a contar sus problemas por miedo a ser juzgados, a no ser entendidos o simplemente por no ser capaces de expresarse tal y como les gustaría. Y ello sólo les genera mayor inseguridad. Todo se hace tan complejo que un mal día puede anular a la persona por completo. Realmente no hay una forma de expresar el grado de desasosiego, agobio e inquietud que se puede llegar de sentir.
A nivel personal solo puedo decir que muchas veces esas personas tan solo quieren ser escuchadas, sin comentarios de fondo y sintiendo que de verdad les están escuchando. Además, a pesar de que sea un estado mental muy común en la actualidad, especialmente entre adolescentes y jóvenes, no hay por qué desvalorizarlo y pensar que, con tan solo sentirse un poco estresado, ya ha de tenerse este problema. Simplemente la ansiedad es ansiedad.
Cristina Carvajal Fernández