Hace unos días leí una noticia en el periódico que me sorprendió bastante y me hizo pensar. La noticia hablaba de una empresa en la que el 83 % de sus empleados sufrían estrés laboral por la extrema competencia a la que estaban sometidos. El jefe de la empresa fomentaba la productividad recompensando a los que más trabajaban y mejores resultados obtenían; y ponía fotos en el local de la empresa de los que no rendían, según él, lo suficiente. Este caso me dio qué pensar. ¿Cómo influye la presión a la que nos vemos sometidos en nuestra vida? En contraposición, leí otra noticia acerca de otra empresa en la que el jefe obligaba a sus empleados a dormir 10 minutos de siesta y, según un estudio, su productividad había mejorado y estaban más relajados. Parece que funcionamos mejor en ambientes más relajados. Pero es difícil encontrarlos debido a que vivimos en una sociedad que nos presiona para hacer más y más cosas.

Nosotros, estudiantes, a veces sentimos en nuestra vida la misma presión que sienten esos trabajadores. Me puse a pensar. ¿Por qué había pasado eso? ¿Por qué nos vemos sometidos a esa presión? ¿Y por qué esa presión nos lleva a hacer cosas que no queremos hacer? ¿Qué nos hace sentir esa presión?

Creo que debe de ser porque el hombre es un animal social que busca agradar a sus semejantes. Buscamos la aprobación de todo el mundo, de nuestros amigos, de nuestros familiares, de nuestros vecinos; y llegamos a hacer cosas que no queremos hacer solo por ese deseo de quedar bien delante de los demás. Además, queremos estar a la altura de lo que se espera de nosotros, y eso a veces es difícil. De esa manera, terminamos haciendo cosas que no nos gustan y no queremos hacer. Esta presión social la sentimos cada vez más fuerte a medida que crecemos. Cada vez se espera más de nosotros y cada vez lo notamos más. Un ejemplo que se me ocurre es cómo empieza la mayoría de la gente a fumar. La primera vez no gusta. Pero la mayoría empieza a fumar en grupo, y a base de insistir terminan enganchándose a fumar. Por lo tanto, el precio que pagamos a veces por ceder a esa presión es alto.

Creo que las amistades son quienes ejercen más presión sobre nosotros; más incluso que la familia, porque en ciertas épocas de nuestra vida estamos más con ellos que con la familia. Hoy esto se ha agravado por el uso de las redes sociales y la globalización. Todos nos enteramos de casi todo lo que pasa en el mundo y hasta lo copiamos, vivimos continuamente conectados a esas redes.

En mi opinión, creo que cuanto más desarrollada esté una persona y más personalidad consiga tener, más fácil le será combatir esta presión social y no dejarse influir tanto por la opinión de los demás. Lo más importante es aceptarnos a nosotros mismos y, a partir de ahí, sentiremos menos presión social.

Raquel Fernández Sánchez