¡Cómo pasa el tiempo! Día a día, sin darnos cuenta, avanza sin que podamos hacer nada, y junto a él avanzamos nosotros, la moda, la ciencia y… las relaciones.
Hace veinte años la sociedad era completamente distinta a la actual, sobre todo, en las relaciones. Antes la gente era seria, comprometida, sin miedos a enamorarse, ni a decir te quiero. En cambio, hoy en día, si quieres tener algo serio con alguien, te juzgan. Si te gusta el amor romántico, eres una dramática; y si te planteas planes de futuro, estás obsesionada con tu pareja. Sin embargo, lo que la sociedad de hoy en día defiende mayoritariamente son los líos de una noche, el “te encuentro, te utilizo y me voy a buscar a otro”. No existe el amor. No se ve necesario, se ve como algo irracional, algo que es un simple juego. De ahí el tópico, ¿no? “¡Todos los chicos son iguales!”, ya que gran parte de ellos, al comprometerse con una persona, termina traicionando su confianza de una forma u otra; ya sea engañando a la otra persona, ya sea ilusionándola para luego irse sin dar explicaciones… Sin embargo, esto también sucede con las chicas y cada día que vivimos es más común.
Según pasa el tiempo, más cambian nuestros ideales y nuestra forma de vivir el amor. La gente tiene miedo a enamorarse, porque saben que posiblemente sea una batalla perdida, aunque siempre habrá valientes que lo intenten. Con esto no me refiero a que no sea necesario evolucionar y progresar en la sociedad, sino que ahora vale más tener pareja por el hecho de tenerla, que no por ser capaz de darlo todo por alguien para demostrarle lo mucho que te importa y lo mucho que le quieres. Antes eran más importantes los actos que las palabras; a diferencia de los tiempos actuales en que, tras cinco promesas bonitas carentes de veracidad, nos ilusionamos y muchas veces, sin pensarlo, nos lo creemos, a pesar de saber que no es verdad. En esto, es cierto que ha influido la tecnología. ¿Pero no sería estupendo haber disfrutado de ese amor que nuestros abuelos se mostraban toda una vida? Eso ahora no suele ocurrir.
Antes del amor “definitivo”, que probablemente ni tan si quiera lo sea, ha habido y habrá otros quince. Ahora se valora más el físico, y antes era la personalidad. Ahora se valoran las relaciones sexuales, y antes se valoraba el amor. Con esto no quiero decir que el amor actual no sea bonito, porque también hay sentimientos. Tal vez no sean tan puros e intensos, pero los hay. Hay experiencias y diversión, hay viajes y fiestas. Sin embargo, en vez de evolucionar tanto, en vez de dejar atrás el pasado, tal vez seria mejor echar la mirada atrás y aprender un poco de él. Quizá fuera mejor aprender que, cuando se quiere a alguien, no importa demostrarlo. No importa lo que los demás piensen, no importa nada; tan solo importa, si esa persona y tú queréis, estar juntos.
Cristina Carvajal Fernández