Historia de España es una asignatura obligatoria y de las más exigentes del currículo de 2º de Bachillerato. A lo largo del curso, esta nos permite conocer la evolución de nuestro país, la cultura y la sociedad a partir de hechos relevantes que sucedieron en el pasado. En numerosas ocasiones, episodios pasados se asemejan a acontecimientos presentes, dando la impresión de que la historia tiende a repetirse. Ahora bien, tras estudiar todos estos sucesos, ¿qué podemos sacar en conclusión? Es decir, ¿tiene un fin la historia?

En el siglo XVIII, el filósofo prusiano Inmanuel Kant supo contestar a esta pregunta. La paz sería, para el filósofo, la respuesta a la gran cuestión, siendo esta una razón de la voluntad. Es necesario actuar como si su consecución fuera posible y, por ello, emprender su búsqueda. La paz sólo es un fruto de la reflexión racional humana, que sobrepasa los límites del entendimiento. Es un nuevo concepto de la razón que se forma aplicando de manera injustificada, más allá de la experiencia, categorías del entendimiento como las de unidad y causalidad, en sentido final, sobre todas las acciones de los seres humanos, dando lugar a la idea de la paz perpetua como fin de la historia. El concepto de paz perpetua no tiene uso teórico ni construye ninguna ciencia de la historia, es decir, no aporta conocimiento. Sin embargo, la paz tiene un uso práctico a nivel político: sirve para impulsar y regular las decisiones y acciones colectivas de los seres humanos.

Volviendo a la asignatura, la mayoría de los acontecimientos que se estudian en ella son guerras, batallas y golpes de Estado. Todos ellos, según la idea de Kant, nos permitirían evolucionar hacia la paz, aprendiendo de nuestros errores para no volver a repetirlos y, así, lograr una armonía entre los ciudadanos en el Estado; y entre los Estados entre sí. Sin embargo, como he empezado diciendo, la historia tiende a repetirse.

Ángel Álvarez Torollo