Voy a abordar un tema muy complicado, un tema que está en la mente de todos y cada uno de nosotros, y que a lo largo de nuestra vida orienta nuestro camino y fin. Como dijo Séneca: “Todos los hombres quieren vivir felizmente”. ¿Y qué es la felicidad?

A lo largo de la Historia, han sido muchos los autores que han querido definir la felicidad. Desde Buda, Sócrates o Platón, hasta la definición que a mí más me gusta, la de John Stuart Mill, quien dijo: “He aprendido a buscar mi felicidad limitando mis deseos en vez de satisfacerlos».

Podría concluir que la felicidad no depende de lo que haya en el exterior, ni depende de recompensas… sino que depende de TI, y lo mejor es saber adecuar tus deseos a tu vida real. También pienso que, para ser feliz, se debe tener amigos, afectos, y no ser egoísta; es decir, no se debe pensar solo en uno mismo. Viendo la cantidad de distintas definiciones de felicidad que hay, podemos decir que cada uno ve la felicidad de una manera diferente. Es más: uno ni siquiera piensa en la felicidad de la misma manera a lo largo de su vida. Es muy difícil definir qué es la felicidad y saber qué nos hace felices, pero en lo que sí estamos de acuerdo es en que todos queremos serlo.

Lo que está claro es que, en la actualidad, la felicidad es una prioridad. Tanto es así que se exige al gobernante que la consiga para todos sus ciudadanos. Somos tan conscientes de que la felicidad es un objetivo humano fundamental, que Naciones Unidas ha declarado el 20 de marzo “Dia Internacional de la Felicidad”. Con ello se pretende que los gobiernos intenten gobernar para conseguir esa felicidad. Un claro ejemplo de ello es el país de Bután (en pleno Himalaya). Este país reconoce el valor de la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales. No por ello Bután es el país más feliz del mundo, pero se preocupa por la felicidad de su población. En este mismo sentido, Francia, en 2008, y Gran Bretaña, en 2010, empezaron a buscar maneras de medir la felicidad de sus respectivas ciudadanías.

Es indiscutible que a lo largo de la vida hemos intentado saber cómo se consigue la felicidad, surgiendo así muchas ideas. Pero algo que nos es común a todos a lo largo de nuestra vida es que la felicidad sigue una evolución en forma de “U”. La felicidad suele ser mayor en la juventud y en el final de la madurez, y menor durante el tramo central de nuestra vida.

Finalmente, me gustaría saber si Aristóteles tenía razón cuando decía que obrar bien, llevar una vida virtuosa y ética, era condición imprescindible para ser feliz. Si esto fuese así, ¿los viciosos, los corruptos… pueden ser felices? Después de todo esta reflexión, me voy a atrever a contestar, y diré que creo que sí. Respondo así, porque pienso que seguramente actúen como lo hacen por ser esa su forma de buscar la felicidad. El que no compartamos esa forma de llegar a la felicidad o nos parezca correcta, no puede hacer que rechacemos la idea de que ellos son felices, pues, como ya dije al principio, cada uno busca su felicidad de manera diferente, aunque sea a costa de los demás.

Elsa Martín Blanco