El pasado sábado, mientras desayunaba y miraba las noticias, como hago de costumbre, un titular llamó especialmente mi atención: «Ir a llorar a La Llorería ya es posible en Madrid. Así es el espacio que visibiliza la salud mental». Como defensora de la salud mental que soy, decidí investigar más acerca del tema. ¿De qué se trataba esto de La Llorería y quién estaba detrás? Pues bien, esto es todo lo que pude averiguar al respecto.

La Llorería es un espacio habilitado durante tres días en el barrio de Malasaña, Madrid, que busca visibilizar la salud mental y el hecho de ir al psicólogo. La empresa que está detrás de esta campaña es TherapyChat, una compañía de psicólogos que ofrece ayuda online a menor precio que las consultas presenciales. Hasta ahí, todo bien. Me parece una buena idea que se visibilice la salud mental. Desde mi punto de vista, es una pandemia silenciosa, sobre todo entre jóvenes y adolescentes. Pero, como no podía desplazarme a Madrid a comprobarlo por mí misma, decidí indagar más acerca de qué hay dentro de ese local con horas de cola para visitarlo. Y lo que me encontré fue muy decepcionante.

Nada más entrar, te dan una charla acerca de que está bien estar mal, que hay que normalizarlo y que muchas veces se prioriza la salud física por encima de la emocional. A todo esto, te invitan a hacerte fotos en las salas con distintas frases y “photocall” a propósito de la salud mental, para luego compartirlas en redes sociales. En dos de las salas, te invitaban a llorar bajo el lema “llorar es bueno”, delante de decenas de personas sacándote fotos. Luces de neón por todas partes y mensajes como “valgo más que mis likes de Instagram” (aunque, eso sí, luego te invitan a sacarte fotos y compartirlas). Por resumir, sólo era una experiencia de marketing, pero sin reivindicaciones, más allá de unos pocos y bonitos lemas, “Mr. wonderfulismo”, y positivismo huero y desmedido. La salud mental absorbida por el mercado, vendiéndose como bonita, estética, a la moda. Frases más que sabidas y repetidas hasta la saciedad en forma de neones rosas para que se tenga una foto de recuerdo en la que importa más la forma que el contenido.

En conclusión, sí, en el fondo se está visibilizando la salud mental en redes sociales, pero como algo bonito y romántico, olvidándonos de que estamos hablando de la salud de muchas personas, de un día a día que se vuelve insoportable y con muchas trabas. Así, se invalida lo que siente el enfermo. Se oculta que el Sistema Nacional de Salud no se puede hacer cargo de todas estas personas, ya que la ratio de psicólogos por habitante es de 6 por cada 100.000, y que España es el país europeo con mayor prevalencia de trastornos mentales entre niños y adolescentes entre los 10 y los 19 años. Así, sólo se banaliza la salud mental. Se la convierte en un mero “postureo”.

Marta García Álvarez