Creo que todos estamos de acuerdo en que desde pequeños nos educan para ser los mejores, para luchar por nuestros sueños, para tener éxito, ya sea no suspendiendo una asignatura, manteniendo el puesto de titular en el equipo de fútbol, obteniendo plaza en la carrera que deseamos… Pero de lo que nadie habla, para lo que nadie te educa es para fracasar.

“Fracaso”, esa palabra tabú, la innombrable. El problema de todo esto es que vamos por la vida con “ruedines” en la bicicleta para no caernos; y así nos va. ¿Qué problema hay con fracasar? ¿Qué tiene de malo? A veces da la impresión de que estuviera mucho mejor visto quedarse en casa y no intentarlo. Oye, así al menos no te quedas con esa sensación de haber fracasado, ¿no?

Cada vez que se habla de motivación, el mensaje central siempre es el mismo: si luchas, insistes y crees en ti mismo, serás capaz de conseguir todo lo que te propongas. ¿Pero sabes qué? Eso no es del todo cierto. No siempre seremos capaces de conseguir todo lo que nos propongamos. Abramos los ojos. Somos humanos. Tenemos límites, no somos invencibles. Por mucho que te esfuerces y pongas todas tus fuerzas al cien por cien en algo, no siempre lo vas a conseguir.

La vida no son matemáticas. No hay una fórmula que te diga que esfuerzo multiplicado por confianza en ti mismo es igual a éxito. En esta vida es mucho más fácil dar un mensaje positivo, una palmadita en la espalda, incluso un “puedes lograrlo”; que un mensaje realista. ¿Pero qué pasa? Que la consecuencia es que, cuando nos caemos, el golpe es mayor. Y cuando el golpe es mayor, en vez de analizarlo, nos centramos en el dolor que ocasiona.

La mejor jugadora de fútbol en la actualidad, tras perder por goleada en la final de la Champions en 2019 dijo: “Alguien me ha dicho que no quitarnos la medalla de subcampeonas cuando nos la ponen en el cuello nos hace grandes y crecer. El primer paso ha sido reconocer que nos queda camino por recorrer y el segundo es sentirnos orgullosas de que la medalla ahora sea de plata, para que en el futuro sea de otro color”. Este momento, y muchas otras cosas más, hicieron que al final tuviera éxito.

Porque el fracaso es eso, aprendizaje; porque, como nos han repetido muchas veces, el ser humano es el único animal que tropieza dos veces sobre la misma piedra. Pero es que dos veces no son suficientes. Tendremos que tropezar las que hagan falta porque, cuantas más veces nos caigamos, más cosas aprenderemos; porque cada vez que te levantes serás una versión mejorada de ti misma.

Si después de leer todo esto sigues pensando que fracasar es algo malo, te diré que hay algo peor que fracasar. No cambiar, no hacer nada; eso sí que es un auténtico fracaso.

Patricia Lago Martín