En los últimos tiempos han tenido lugar una serie de avances relevantes en el campo de la inteligencia artificial (IA), entre los que podemos citar:

  • La conducción autónoma: ya existen modelos en el mercado que son capaces de automatizar parcialmente esta tarea, permitiendo al conductor retirar las manos y la vista temporalmente de la carretera.
  • El reconocimiento facial: esta tecnología ya es capaz de identificar a personas concretas con una tasa de acierto similar a la que tiene un humano en esta tarea.
  • La comprensión de textos: actualmente existen programas capaces de entender textos complejos, incluso puede elaborar conversar sobre temas de política o economía. Muchas empresas ya utilizan programas de este tipo como parte de sus departamentos de atención al cliente.
  • El marketing predictivo: empresas como Netflix o Amazon son capaces de elaborar perfiles de manera automática para predecir nuestros gustos y necesidades. A veces, parece que nos conocen mejor que nosotros mismos.

No hace mucho tiempo, este tipo de capacidades estaban fuera del alcance de las máquinas. Por lo tanto, no es descartable que sigan adquiriendo nuevas habilidades y que, a unos años vista, lleguen a tener capacidades cognitivas equiparables a las de una persona. Si llegara a darse esta circunstancia, quizá sería necesario introducir cambios en las leyes: el código civil exige como requisito nacer del seno materno para ser una persona a efectos legales (artículo 30), por lo que jurídicamente una máquina no podría ser considerada persona, legalmente hablando, hoy en día. No obstante, desde un punto de vista ético, quizá sería difícil negar la consideración de persona a una máquina consciente de sí misma, con su propia identidad, capaz de razonar, de tener emociones y de comportarse como un ser social.

Supongamos que a un ser humano, por accidente o enfermedad, se le tienen que ir reemplazando sus extremidades por prótesis. Aun cuando sus brazos y piernas fuesen una máquina, seguiría siendo una persona a todos los efectos. Imaginemos que la ciencia avanza hasta el punto de ser capaz de reemplazar todos los órganos, excepto el cerebro. Aun en esta situación, nuestro “ciborg” seguiría siendo la misma persona. Por último, si la tecnología llegara al punto de poder replicar exactamente las conexiones neuronales de esta persona, manteniendo sus pensamientos, ideas y recuerdos, y para salvarle de nuevo la vida fuera necesario reemplazarle parcial o totalmente el cerebro, ¿no seguiría siendo acaso la misma persona?

A mi entender seguiría siendo una persona, a la vez que una máquina. En ese momento podría llegar a aceptarse que algunas máquinas tuvieran también la consideración de personas.

Julia Suárez Fernández