Hace un par de años se popularizó en Internet un concepto conocido como “el iceberg”. Hay iceberg de diferentes temas, ya sea de series, videojuegos… en los que se va del pico del iceberg, lo que la gran mayoría conoce del tema, hasta los datos más desconocidos u oscuros, la parte sumergida del iceberg. Sigmund Freud ya había empleado antes esta metáfora del iceberg; puede que, de ahí, de la popularidad del psicoanálisis de Freud, se aplicará después a tantos temas.

Yo quiero aplicar la metáfora a otro tema. ¿Realmente nos conocemos con una total certeza? Mi respuesta a esto, y creo que la de la mayoría, sería que no. Realmente nadie se llega a conocer a sí mismo al 100 %. Recordemos que el ser humano está compuesto de una parte consciente y otra subconsciente, siendo esta segunda parte la más desconocida y en la que quiero profundizar.

El pico del iceberg sería la parte consciente. Aquí se encuentra todo aquello que percibimos y hacemos de manera directa; es decir, una decisión o un pensamiento que ya estaban premeditados. En resumen, lo que hacemos de manera consciente o porque queremos.

En la parte media del iceberg se encuentra el preconsciente. Aquí están los pensamientos, las emociones y los sentimientos. Es todo aquello que podemos sentir, pero no tenemos por qué manifestar. Es decir, yo puedo estar triste, pero la gente no tiene por qué notarlo o, al contrario, lo puedo manifestar y la gente lo nota. Esta parte es una parte intermedia entre el consciente y el subconsciente. Por lo general, esta parte surge a la superficie de nuestro yo sin muchos problemas; un ejemplo serían las emociones como la ira o la alegría.

En el iceberg sumergido se encuentra el subconsciente, la parte desconocida del ser humano. Este se suele manifestar a través de los sueños, cuando el ser consciente duerme. En esta parte se encuentra los deseos reprimidos del ser humano, los impulsos, los conflictos internos que, aunque a veces no nos demos cuenta, se manifiestan en los sueños. Este subconsciente es inalcanzable aparentemente.

El subconsciente es el verdadero yo, porque ‒no nos engañemos‒ es la parte que ocultamos a todos, por mucho que queramos a la otra persona. Este subconsciente suele ser desconocido, o más que desconocido, ignorado por todos. Este solo aparece por la noche, cuando aparentemente el cuerpo y el consciente descansan. ¿Pero nunca os ha pasado que es muy tarde y en vuestra cabeza surgen extraños pensamientos? Nos decimos: ¿Cómo puedo estar pensando esto? Es en ese momento cuando actúa, aunque en muy baja intensidad, el subconsciente.

Para mí, el subconsciente es el verdadero yo. Si, por algún motivo, este tomara el control del individuo, todos se odiarían y veríamos a las personas de diferente modo a como las vemos normalmente.

En definitiva, en el ser humano hay dos caras: la que todo el mundo ve y solemos mostrar, que suele ser más o menos buena, y la otra cara, que nadie conoce, casi ni nosotros, que es oscura y se mueve por los más bajos instintos o deseos más recónditos de la persona. Este subconsciente es la verdadera persona, así que el ser humano es mucho más aterrador y oscuro de lo que todos pensamos.

Miguel Freire García