Yo soy de esas personas que se quedan dándole vueltas a cualquier tontería a la que la mayoría no le prestaría atención. A veces me paro a pensar y me pregunto por qué soy así, por qué me distraigo tan fácilmente. Se cae un libro, que es la cosa más tonta del mundo, y yo estoy casi hasta llorando de la risa. Es la personalidad. Cada uno tiene su forma de ver la vida. La gente tiene muy idealizado eso del sentido de la vida: aprender, conocer, esforzarse, conseguir trabajo gracias a las habilidades adquiridas previamente, ganar dinero, formar una familia, jubilarse y, así, terminar su vida, pues la muerte es algo inevitable. ¿Y por qué tiene la gente este concepto? Seguro que es por intentar hacer cosas que nos intentan inculcar.
Mi experiencia es acerca de mis padres. Ellos son, a la vez que estrictos, muy exigentes y también controladores. Aquí aparece el problema, porque yo soy una persona graciosa, bromista, poco seria, lo que en pocas palabras llamaríamos un bufón. Yo soy así y no lo puedo cambiar. Para ellos, yo tendría que estudiar más, que es lo que se debe hacer y a la vez intentar sacar la mejor nota posible para conseguir, no mis metas, sino las metas que ellos piensan que me van a hacer feliz. Todo esto es por mi bien, claro está claro. Y yo sé que me convendría hacer todo eso para tener una buena vida. ¿Pero y si para mí esa no es una buena vida? Puede que el sentido de la vida sea la felicidad, a la que se llega si previamente hay trabajo; como cuando sacas una buena nota y estas contento. Pero, antes, trabajaste muy duro para llegar a ella; es decir, que la felicidad solo es un momento que pasará y, entonces, dejarás de ser feliz.
En definitiva, el sentido de la vida es relativo y efímero. Mi punto de vista es diferente al de mis padres. Pero los dos son formas validas de ver el sentido de la vida y cómo encontrarlo. El sentido de la vida es una forma de hacer todo lo posible para llegar a esa felicidad que buscas y que intentas que sea lo más duradera posible. Mi idea es dejar las cosas que fluyan, e intentar alcanzar esos sueños en los que pensamos cada día, por muchos obstáculos que me ponga la vida; y hacerlo con una sonrisa. Eso es el sentido de la vida: trabajar para lograrlo.
Rubén Alonso Fernández