Claramente, tarde o temprano, todos sucumbimos a la tentación. Y si alguien o algo nos dice que no debemos hacerlo o que está totalmente prohibido, nos da un mayor deseo de hacerlo. Por ejemplo: tu madre esta preparando unas deliciosas galletas en la cocina, y el olor te abre el apetito y el deseo de comerlas todas, pero ella te dice que no puedes comerlas porque es para una visita que va a llegar a casa. Es entonces cuando buscas la forma de picar un pedazo, comerte una muy rápido, o rogarle a tu madre, aunque ella te diga que no mil veces. Quizá sea ese el problema: si ella no hubiese dicho “no”, “está prohibido”, “no se puede”, simplemente no nos hubiese interesado comerlas o incluso robar alguna de ellas.
En conclusión, el problema es que, si alguien nos dice que algo es imposible, que está prohibido, entonces nos da ese arrebato e impulso de querer hacerlo, a pesar de saber qué nos puede pasar después de ello. Siempre nos será imposible resistir a las tentaciones, ambiciones y, principalmente, a lo que se nos prohíbe; siempre seremos curiosos y desearemos hacer lo que nos nieguen.
Ana Sofía Serrano Hortúa