Imagino que casi todo el mundo conocerá o habrá oído hablar de “bitcoin” o de las criptomonedas. El “bitcoin” es esa moneda de internet que, según muchos, suele usar gente de no muy buenas intenciones (mafiosos y estafadores). ¿Pero es eso cierto? La respuesta es que, en parte, sí. Pero estas monedas no solo se pueden usar para esos propósitos delictivos, sino que también se pueden usar como método de inversión o como forma de pago.

De vez en cuando, se puede escuchar alguna que otra noticia sobre “bitcoin” o las criptomonedas y sobre el interés que están teniendo diversos países en este tema. ¿Por qué? La razón es simple, tanto bitcoin como las demás criptomonedas usan un algoritmo cuya función es ejecutar transacciones de envío de activos. En otras palabras, es un sistema descentralizado que permite que se envíen criptomonedas de una cartera a otra. Esto es lo que se conoce como “blockchain”. Eso es lo que ha hecho que despierte el interés sobre este tema en varias entidades políticas como la Unión Europea o China.

La idea de los Estados es crear un sistema “blockchain” centralizado, donde se pueda controlar y examinar todas las operaciones que se hagan en la red, solucionando además el gran problema del “bitcoin”, su volatilidad, haciendo su precio estable. Es así que ya han empezado a desarrollar sus propias monedas virtuales, en el caso de Europa el euro digital y en el de China el yuan digital.

Es muy probable que, en el futuro, el dinero físico que conocemos hoy en día sea sustituido por una moneda digital. Esto es a la vez prometedor y aterrador, un rápido y eficiente sistema de transacciones acompañado de un control del dinero que pudiera detectar delitos y estafas inmediatamente, pero eliminando el anonimato y revelando qué hacemos con él y cómo y dónde lo gastamos.

Víctor Valle Solar