Las máquinas van ganando autoridad poco a poco en nuestra sociedad, y cada vez realizan más acciones por sí solas; incluso aprenden. Por lo tanto, toman decisiones que pueden hacer variar sus actos. ¿Pero es justificado considerarlas parecidas a los seres humanos? ¿personas?
Para contestar me he centrado en los robots. Un robot no es más que una máquina programada que siempre sigue unas determinadas órdenes. Puede parecerse a nosotros en muchos aspectos y, además, son muy útiles para la sociedad. Sin embargo, se alejan de los seres humanos en un único e importante aspecto: la personalidad.
Ningún robot puede manifestar sentimientos como la felicidad, la tristeza o el enamoramiento. Por consiguiente, no muestra ninguna clase de emociones, y no realiza funciones vitales como la reproducción. A esto hay que añadir que los seres humanos no seguimos un único patrón de conducta, sino que somos impredecibles. Nos adaptamos al medio, evolucionamos, somos creativos en diferentes situaciones.
En conclusión, aunque haya gente que pueda considerarlos personas y la ciencia haya avanzando a gran escala, todavía falta mucho para que formen parte de nuestra sociedad.
Lourdes Alonso Hernández