A lo largo de la vida los seres humanos tenemos momentos de reflexión en los que nos planteamos qué es la felicidad (a nivel personal) y el porqué de nuestra búsqueda continua de la felicidad. También hacemos un análisis, en ocasiones erróneo, de por qué no somos felices. En base a ese análisis tratamos de buscar la ansiada felicidad y, si no la logramos encontrar, nos frustramos.

Respondiendo al dilema del título, personalmente escogería la segunda opción, porque no considero que la felicidad esté en la tranquilidad de una vida corriente; una vida de la que bien por miedo a salir de la rutina de lo convencional, bien por puro conformismo, nos lleva a ser uno más del rebaño, a seguir el camino marcado por la sociedad. Lo que nos pueda aportar la segunda opción ‒una vida de continuo aprendizaje‒ es algo no material, que una gran parte de la sociedad actual no sabe apreciar: el verdadero saber. Con la vida de continuo aprendizaje podemos “remodelarnos” como persona. Podríamos adaptar a nuestra manera de ser o manera de pensar actitudes aprendidas de otras culturas, gracias a lo cual podríamos ser un poco mejores personas y “tomarnos la vida” de diferente manera. Eso no lo hará jamás quien nunca haya salido de la burbuja del conformismo.

Tristán Montiel Gago