En mi opinión, entre los peores delitos están las violaciones, ya sea de niños pequeños, de adolescentes o de quien sea. Pero, para mí, el abuso sexual de niños pequeños, la pederastia, es lo más ruin. El menor es usado como objeto sexual por un individuo con quien mantiene una relación de desigualdad en lo referente a edad, poder o madurez. Ese niño o niña no quieren eso y se lo hacen sin su consentimiento. Ellos o ellas sufren un dolor y un daño inexplicables. Es una experiencia traumática; es como un atentado a su integridad física y psicológica.
La mayoría de los abusadores ‒suelen ser varones‒ utilizan el engaño y la confianza para poder cometer detestable acto. Lo más triste es que gran parte de los violadores tienen vínculo de amistad o lazos familiares con sus víctimas. Aprovechándose de ello, les obligan a participar y presenciar relaciones sexuales o mantienen relaciones sexuales con ellos. Los abusadores sexuales de menores son a menudo varones casados y familiares, conocidos del menor. También hay delincuentes sexuales que se ensañan con chicas adolescentes. Muchas de nosotras tenemos miedo de cruzarnos un mal día con uno de estos monstruos. Eso cambia tu vida radicalmente. Es común que este tipo de delitos sucedan cuando una chica vuelve sola a casa o se dirige a un lugar sin acompañante.
El castigo de estos delitos debería ser máximo: cadena perpetua sin revisión; es decir, que pasen toda su vida en la cárcel sin que un juez los pueda ver ni vuelvan a ser libres. Uno de estos casos es el de un hombre que, hasta hace bien poco, estaba en la cárcel y un juez revisó su condena y lo puso en libertad por su “buen comportamiento”. Le dejó libre ¿y qué hizo él? Ir a por otra víctima y matarla. Quisiera que cualquier todo violador tuviese su merecido para que esto se acabe y nadie tenga miedo.
Laura Bretón Rodríguez