Está claro que nuestra sociedad no valora igual a una vida animal y a una vida humana. Aunque hemos visto en la última década un incremento del movimiento a favor de los derechos de los animales, también somos partícipes de muchos abusos a estos.
Pero, realmente, no solo existe una distinción entre humanos y animales, sino que también la realizamos entre clases de animales. Si preguntamos a cualquier persona, lo normal es que no dé el mismo valor a su mascota que a un animal de granja. ¿Pero, entonces, no son todos los animales iguales?
Muchos psicólogos argumentan que identificamos a nuestra mascota como un miembro más de la familia, debido a la relación de afecto que establecemos con ellos. Tendemos, así, a darles la misma importancia que a otro ser humano. Por otro lado, la distinción que solemos hacer entre las diferentes especies se debe, en gran medida, a las numerosas tradiciones culturales de cada parte del mundo. Pues, una vaca no tiene el mismo valor para la sociedad india que para una sociedad occidental.
Para Inmanuel Kant, una vida humana era mucho más valiosa que cualquier vida animal, pues poseemos un desarrollo cognitivo mucho mayor que cualquier especie. Lo que nos venía a decir Kant es que los animales no poseen la misma capacidad para razonar y pensar moralmente que los seres humanos. Por lo tanto, una vida humana no puede tener el mismo valor que una vida animal debido a la gran evolución que ha sufrido nuestra especie, puesta de manifiesto en un lenguaje muy avanzado y un desarrollo de nuestra masa cerebral. Aun así, debemos asegurarnos de que los animales no sean maltratados y de que sus condiciones de vida sean óptimas, pues todos formamos parte del mismo ecosistema.
Lucía Suárez Deago