Siempre hemos buscado y continuamos buscando la libertad. Comparando el pasado no tan lejano con el presente, hemos logrado varios avances que parecen hacernos más libres. ¿Pero llegaremos algún día a ser verdaderamente libres? ¿Lo podremos ser en algún momento?
En la prehistoria, los seres humanos vivían de la caza y de la recolección; vivían con lo que podían, y las decisiones que tomaban podían llegar a afectarles seriamente en su futuro más inmediato. A pesar de ello, en ocasiones consideramos su forma de vida la más libre de toda nuestra historia. Pero nunca fueron verdaderamente libres. Según una de las definiciones de libertad, esta se trata de “Un estado o condición de la persona que no está en la cárcel ni sometida a la voluntad de otro, ni está constreñida por una obligación, deber, disciplina, etc.”. Siguiendo ese criterio, los humanos prehistóricos no eran libres. Estaban sujetos por las duras condiciones de la naturaleza; es bastante obvio.
En nuestro tiempo, la libertad es aún menor. Desde que eres un crío tienes la obligación de ir a la escuela. Nos pasamos toda nuestra infancia y adolescencia en el colegio. Estamos obligados a atender en clase. En el caso de la universidad o del trabajo, no estás sujeto a ninguna obligación, es decisión tuya estudiar cierta carrera o realizar cierto empleo. Esa es la farsa de la actual libertad. Cuando tomamos ese tipo de decisiones, estamos sujetos a sus consecuencias. Estas nos pueden llevar a hacer elecciones que no hubiéramos tomado de no ser por sus consecuencias. El sistema nos da las opciones, y nosotros elegimos una de entre las que se nos presentan. Pero esas opciones no las establecemos nosotros.
En conclusión, actualmente tenemos aún menos libertad que en la prehistoria. La mayoría de las decisiones que tomamos están basadas en las consecuencias, y no en lo que realmente creemos. Podrían valorarse las condiciones de vida de esa época con relación a las de otras, pero ese ya es otro tema.
Víctor Valle Solar