Aún hoy parece que la sociedad española no es consciente de la importancia que carga la memoria histórica y de lo esencial que es tener un poco de cultura general. Esto es así porque, en España, la educación resta importancia a comprender la historia y sus acontecimientos tal y como son, y se limita a aportar datos y bombardear con información vacía al alumnado. Este fallo en el sistema educativo permite que las personas se formen creando su propia concepción alrededor de la historia del país y, por lo tanto, originando problemas y malentendidos.
Empecemos por decir que cada uno es libre de pensar y decir lo que considere oportuno. Pero lo que no se puede permitir es que, aunque se respete la libertad de expresión, se cometan tremendas meteduras de pata a la hora de dar una opinión relacionada con la historia. Tal y como están las cosas en España, cualquier persona puede decir lo que quiera acerca de, por ejemplo, los acontecimientos y el desarrollo de la Guerra Civil, independientemente de si el comentario tiene una carga ideológica o sea erróneo y desagradable. Pero si se trata de un tema de carácter sensible ‒como, por ejemplo, la defensa del grupo terrorista ETA‒, entonces la ley se aplica sin falta y en tiempo récord. Esto da a entender que la memoria histórica en España no se respeta de manera sistemática, sino que depende de la ideología de quien ejerza el gobierno. Creo que esto es algo que en otros países europeos sería inconcebible.
A pesar de que este es un problema que está muy arraigado en la sociedad española, y que va de la mano de la incultura y el desconocimiento, no deja de tener alguna solución. Con el cambio de la ley de memoria actual y una mejora en la educación, quizá se pudiera poner punto final a este problema.
Pablo Víctor Romero Llamas