En la última década, el racismo y la discriminación racial se han hecho más y más presentes en nuestra sociedad. Se manifiestan de forma revolucionaria y provocadora. Por eso, se han emprendido muchas campañas antirracistas para defender no solo los derechos de las personas de una determinada raza, sino los derechos de las personas en general. Creo que a todos nos ha llegado a conmover la historia de George Floyd y la oleada de indignación y protestas conocidas como el famoso movimiento “Black Lives Matter” que surgió a raíz de su asesinato. Muchas personas afirman no ser racistas, pero lo que está claro es que todos tenemos prejuicios. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de ellos, y eso causa que sea difícil deshacernos de estos. Lo que podemos hacer es reconocer nuestros recelos  y controlarlos. Sin embargo, eso no responde a la pregunta de por qué la gente es racista. ¿Qué hace que las personas sientan tanto odio contra los extraños? Ningún niño en el mundo nace con prejuicios. ¿En qué momento y cómo conseguimos adquirir estos estereotipos y escrúpulos?

Desde mi punto de vista, el racismo es un tema extenso y complejo. El intentar responder a la pregunta de por qué somos racistas podría hacer correr ríos de tinta. Para empezar, el racismo es definido como una ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país. Soy de las que piensa que el racismo está muy ligado a los estereotipos, ya que son base fundamental de toda discriminación. Muchas veces juzgamos a las personas por su color de piel. Si, por ejemplo, vemos a una persona negra, lo primero que se nos viene a la cabeza es que es un delincuente o alguien problemático. Estos juicios que construimos acerca de las personas se van transmitiendo de generación en generación. El otro día, en Twitter, una de las redes sociales en las que más racismo encontramos, descubrí una cita que me hizo reflexionar durante un tiempo: “La mayoría del mundo es racista y lo peor de todo es que lo hemos normalizado”.

Casi todos somos racistas, porque se nos ha educado en una sociedad racista, cosa que ha pasado sin darnos cuenta. A la vez que aprendemos a comportarnos así, nos enseñan que ser racista es algo malo, y lo que hacemos es serlo, pero sin parecerlo. Esto es lo que se llama racismo aversivo. Es una discriminación sutil, que generalmente es empleada por personas que están abiertamente en contra del racismo y de los comportamientos racistas. Se debería buscar la igualdad de derechos y la libertad para que cada grupo viva su propia cultura abiertamente. En cambio, las actitudes racistas se producen mediante la distancia con la otra persona, la falta de empatía o mostrando frialdad.

Son muchas las causas que se esconden tras la discriminación racial. Pero las dos más comunes son la ideología y la ignorancia. En muchas ocasiones, estas causas se mezclan, a veces de forma inconsciente, dando lugar a actitudes racistas contrarias a los derechos humanos. En primer lugar, nos encontramos con la ideología. A lo largo de la historia han existido corrientes de pensamiento basadas en la exclusión de las personas y el trato de inferioridad hacia determinados grupos. Se trata de ideologías que, hoy en día, están lejos de haberse extinguido. En segundo lugar, encontramos al desconocimiento y la falta de información hacia otras culturas. El Conocer y respetar la diversidad cultural humana son buenas actitudes para evitar la discriminación racial.

En definitiva, no nacemos siendo racistas, pero llegamos a serlo sin apenas darnos cuenta. Deberíamos aprovechar el interés que hay en la actualidad por combatir el racismo para, así, tener más cuidado al pensar lo que a veces pensamos cuando nos encontramos con una persona que no tiene nuestro tono de piel.

Patricia Lago Martín