La intolerancia se define como la falta de habilidad y voluntad de tolerar algo. El racismo y la homofobia son ejemplos de intolerancia y discriminación. ¿Pero por qué algunas personas desarrollan este tipo de conductas ligadas al odio? A menudo estos comportamientos están relacionados con prejuicios y estereotipos.
Un estereotipo es una creencia generalizada acerca de un determinado grupo de personas y cuya principal finalidad es simplificar la realidad. Se basan principalmente en algunas experiencias que han sufrido las personas que están condicionadas por los mismos, por lo común durante la infancia, en la socialización con los adultos o en el colegio, y que luego acaban generalizando a todas las personas con las que podrían estar relacionadas estas características. Por eso, la educación que uno recibe de pequeño es fundamental para evitar caer en este tipo de errores de valor, ya que marcará la conducta que siga la persona en cuestión en la edad adulta.
Por otro lado, un prejuicio es un juicio de valor, por lo general negativo, que se hace sobre otras personas sin conocerlas realmente. Al igual que los estereotipos, los prejuicios podrían considerarse un aprendizaje sobre nuestro proceso de socialización.
La diferencia entre un estereotipo y un prejuicio es que, cuando se dispone de información suficiente sobre una persona o una situación particular, acabamos con los estereotipos. Pero los prejuicios funcionan como una pantalla a través de la cual percibimos cualquier trozo de la realidad; así que, por lo general, la información en sí misma no es suficiente para deshacerse de un prejuicio. Como los prejuicios cambian nuestra percepción de la realidad, procesamos la información que confirma nuestros prejuicios y dejamos de observar u “olvidamos” todo lo que se les opone. Los prejuicios son, por tanto, muy difíciles de superar y, si los hechos los contradicen, preferimos negar los hechos a cuestionar nuestro prejuicio. Como decía Einstein, resulta más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
En definitiva, por eso es que a algunas personas les es imposible deshacerse de sus pensamientos intolerantes o discriminatorios. Esto tienen su origen en estereotipos y prejuicios que albergan desde su infancia y que han tomado y consolidado como verdades absolutas desde entonces. Pero ello supone un grave perjuicio para la sociedad y todas las personas objeto de estas ideas y conductas.
Cristina Araujo Cal