¿Alguna vez te has preguntado si realmente eres libre? La RAE define libertad como la “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”.

De esa definición se podría concluir que, para ser libres, es necesario poder tomar nuestras propias decisiones. Sin embargo, en aras de la convivencia, la sociedad en la que vivimos nos impone una serie de leyes y normas que venimos obligados a cumplir y, por tanto, a decidir conforme a ellas. Aparentemente, podría parecer, entonces, que no tenemos libertad de elección. No obstante, hay que tener en cuenta que el abuso de la libertad individual no debe ir en contra de las libertades colectivas. Por eso, la libertad se debe de entender como una capacidad relativa, y no como una capacidad absoluta para hacer lo que se quiera.

Por otra parte, los seres humanos tenemos un conjunto de necesidades básicas y primarias, tales como alimentarse, dormir, respirar, etc. que limitan nuestra capacidad de elección. Asimismo, el lugar donde vivimos, la familia, las experiencias vividas, y el entorno que nos rodea, influyen notablemente a la hora de conformar nuestro carácter, nuestros gustos, nuestra ética y nuestras ideas. Además, también cabe destacar la importancia que han tenido y tienen las redes sociales, ya sea para bien o para mal, a la hora de determinar nuestra conducta.

En conclusión, considero que nuestra libertad para tomar decisiones se haya condicionada por la sociedad, la época, las necesidades individuales y colectivas. Ello provoca que sean inevitables preguntas como: ¿Hasta qué punto somos libres? ¿Cuánto puede llegar a influir la sociedad en nosotros? ¿Ejercemos correctamente nuestras libertades?

Alba Gómez Fernández