A lo largo de la historia se han propuesto diferentes tipos de sociedades, organizados tanto a partir de clases sociales como sin ellas. Vamos a analizar si la existencia de clases sociales impide por sí sola que una sociedad sea justa.

Filósofos contemporáneos, como John Rawls, considerado uno de los filósofos políticos más influyentes del siglo XX por su obra Teoría de la justicia, o Martha Nussbaum, quien recibiera en 2012 el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, han centrado su interés en esta cuestión. Su punto de partida ha sido, en primer lugar, establecer qué consideramos como sociedad “justa”. Para que una sociedad sea justa, al menos debería presentar las siguientes características:

  • Igualdad de oportunidades
  • Derechos y deberes iguales para todos

Si la separación en clases sociales se determina por nacimiento, no puede de ninguna manera dar lugar a una sociedad justa. En esta situación, no habría nunca igualdad de oportunidades, ya que las familias más pudientes o con mejor posición social, disfrutarían de mejores oportunidades que los más desfavorecidos. Esta era la situación típica en la sociedad medieval, que además también hacía que los diferentes estamentos tuvieran derechos y deberes diferentes.

Algunos sistemas, como el propuesto por Platón en su dialogo “La República”, parece solucionar este problema asignando la clase social en función de los méritos de cada individuo. El problema que tiene este planteamiento, en mi opinión, es que de nuevo las familias pudientes pueden dar mejor formación a sus hijos, rompiendo también la igualdad de oportunidades. Por otra parte, en este tipo de gobierno, las diferentes clases tenían diferentes derechos y deberes.

Sobre el papel, nuestra sociedad tampoco tiene clases, pero presenta problemas similares a los anteriores, pues, al final, las familias mejor posicionadas van a conseguir que sus hijos tengan mejores oportunidades. Es cierto que ahora hay más posibilidades de mejorar nuestra situación en la sociedad ‒al contrario que en las sociedades medievales‒, gracias a la existencia de becas, ayudas, sistemas públicos, etc. Pero sigue sin conseguirse una completa igualdad de oportunidades. Las personas con más recursos siguen teniendo más capacidad para hacer valer sus derechos y evitar sus deberes; por ejemplo, pagar menos impuestos.

Creo que incluso una sociedad diseñada desde el principio sin ningún tipo de clases, como pudo ser el comunismo soviético, acabaría teniendo el mismo problema que la República de Platón: los gobernantes podrían hacer uso de su poder para favorecer a sus hijos, rompiendo también la igualdad de oportunidades.

Claudia Suárez Fernández