Durante toda la historia los gobernantes han defendido su forma de gobierno y han hecho propaganda de las ideas de su programa. Unos pocos han cumplido sus promesas, pero la gran mayoría no. En fin, sin desviarme del tema, me inquieta la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Existe un sistema político perfecto o todos tienen sus fallas y debilidades?
Evidentemente, los defensores de la democracia rechazaran las dictaduras, y los defensores de la república rechazaran la monarquía… Lo que quiero decir con esto es que todos los sistemas políticos tienen un opuesto que los rechaza. La duda es si existe algún sistema político que sea aceptado por todos; un sistema político que logré que todos vivan “felices”. La respuesta a esta pregunta es difícil, pues cada persona opina según sus intereses. Vivimos en un mundo en el que el bien común no interesa si las cosas propias van bien.
El objetivo de la política de Platón era la felicidad de todos los ciudadanos. Afirma que cada uno no se vale a sí mismo, por lo que el ser humano necesita vivir en sociedad. Por eso, para conseguir un Estado perfecto, busca la ciudad justa, formada por hombres justos y virtuosos; una sociedad donde se tomen decisiones por el bien común, dejando a un lado el interés particular. Para Platón, el sistema político perfecto es aquel en que prima el bien común y el bienestar de toda la sociedad.
Aristóteles, en cambio, piensa que lo mejor sería aristocracia, en la cual los cargos políticos se otorgasen a los mejores. De este modo, un ciudadano cualquiera no puede tener el poder. Al juzgar a los ciudadanos de manera moral e intelectual, este sistema sería perfecto. Todos serían felices, pues intentarían ser buenos y se ayudarían entre ellos.
Tanto Aristóteles como Platón, así como muchísimos otros filósofos antiguos, rechazaron la democracia. Y ‒¡qué coincidencia!‒ hoy en día la democracia es el sistema predominante en la mayor parte del mundo. Personalmente, opino como Platón. Si todos pusiéramos de nuestra parte para crear una sociedad común, dejando de lado los intereses personales, podría ser posible un gobierno “perfecto”. Ahora bien, también creo, como él, que la perfección total es imposible en este mundo. Es ley de vida. Siempre habrá gente que sólo piense en sí misma, y las formas de gobierno serán, así, imperfectas.
Mara García Rodríguez