Siempre queremos disfrutar de la vida sin problemas. Pero es imposible, ya que de un modo u otro vamos a tener que atravesar dificultades.
A veces nos sentimos realmente tristes, presionados, o no queremos afrontar una situación. Eso causa que nos refugiemos donde podamos ser felices y tener paz mental; en resumen, un lugar en donde todo es diferente. Pero las personas que se alejan de sus problemas solo están huyendo de sus realidades, utilizando esto como un mecanismo de defensa. Ahora bien, el hacer esto constantemente acaba con la estabilidad emocional.
¿Cómo se llega a convertir esta estrategia en sobreprotección? Es una actitud que se desarrolla desde la infancia, fingiendo que se está bien cuando es todo lo contrario. A menudo a los niños les llenan la cabeza con comentarios como: “no llores que te vas a ver muy feo”. Eso produce que el infante vea las emociones negativas como algo malo. Estos simples comentarios, reiterados, hacen que alguien, al crecer, deje de expresar sus emociones con libertad. La persona, así, se encierra en sí misma, ignora cómo gestionar sus sentimientos y los evita.
El acabar con ello no es fácil, porque preferimos esperar a “estar preparados”. Pero ese momento nunca llega y se va postergando. Sería mejor enfrentarse a la raíz del problema y solucionarlo, que simplemente centrarse en una justificación y no hacer nada.
Covadonga Mirás Fernández