La superioridad es el deseo o la necesidad de sentirnos mejores o por encima de los demás. A los animales también les pasa, pero por otras razones, como conseguir pareja, es decir, demostrar su superioridad sobre los otros machos para ser los escogidos por la hembra.

¿Pero qué pasa con los humanos? ¿Por qué tienen las personas esa necesidad? Quizá sea también por intentar conquistar a la persona que les gusta. Pero no es algo que pase siempre. Nuestro caso es mucho más complejo, dado que las personas necesitan sentirse superiores a otros para estar bien consigo mismos. Con esto quiero decir que, para no sentirse inútil, se necesita tener la satisfacción de pensar que algo se te da mejor que a otras personas; que hay algo que se te da bien. También es cierto que esto está estrechamente relacionado con el racismo. Pensémoslo: un nazi, por ejemplo, necesita sentirse superior a otros para, así, demostrarse a sí mismo que es más inteligente.

Todo esto nos lleva a la idea de que la superioridad es una moneda de doble cara, en la que las dos caras son malas. El tener la necesidad de sentirnos superiores está en nuestra naturaleza. Depende de nosotros controlarlo y no dejarnos llevar. Desgraciadamente, hay personas a las que se les va de las manos y llegan a extremos: unos se sienten como desechos humanos, basuras inútiles, y otros se creen dioses superiores a todos los demás.

En conclusión, lo mejor sería centrarse en uno mismo y no mirar a los demás, pues no tú eres superior al resto ni los demás superiores a ti.

Lucía Rodríguez Fernández