Antes de responder a la pregunta de si se puede alcanzar la felicidad, lo primero que tendríamos que preguntarnos sería qué es la felicidad. El hablar sobre ella no es nada fácil, pues se trata de un término subjetivo y, por lo tanto, relativo a la forma de pensar y actuar de cada individuo. Entre las muchas definiciones que se han dado de ella, podríamos escoger la que dice que la felicidad es un estado de ánimo que se produce en una persona cuando cree que ha alcanzado un objetivo o meta deseada. Sin embargo, en términos científicos, la felicidad sólo consiste en una alta presencia de químicos en nuestro cerebro como la oxitocina; o sea, que somos felices gracias a las hormonas que segrega nuestro propio cuerpo. No hay acuerdo sobre lo que esa, aunque, si la tienes, indica que disfrutas de la vida y que la deseas aprovechar al máximo.
Cada persona elegirá un camino distinto y su felicidad va a depender de la percepción que tenga de sí frente a situaciones o hechos que puedan surgir en su vida. Ese camino no se construye con un solo fin, sino con muchos y pequeños fines. Una vez alcanzada la meta donde pensamos que vamos a conseguir la felicidad, seguramente surgirán nuevos retos por los que luchar y esforzarse para volver a conseguir la tan ansiada felicidad. No existe la felicidad plena.
Desde mi punto de vista, la llave que abre la puerta de la felicidad no está solo en lo exterior, en lo que percibimos, sino también en nosotros mismos, en nuestra actitud positiva ante la vida, en nuestras emociones y relaciones con amigos y familia. La felicidad es estar bien, no sufrir dolor, y tener salud, ya que sin ella careceríamos de felicidad.
Pablo Arias García