Lo primero que se me pasa por la cabeza para responder esta pregunta es algo simple: mi reflejo. Pero, analizando la pregunta, antes de poder responderla con certeza, debería de sacar varias cosas en claro antes.
Primero tengo que saber lo que es un espejo. Un espejo, simplemente, es un objeto hecho a partir de cristal que refleja lo que tiene delante. Usualmente lo utilizo para reflejarme a mí y así verme en dicho objeto. Sin embargo, si lo pienso bien, lo que está delante de mí no soy “yo”, sino una combinación de luces y colores percibidos por mí que da lugar a una imagen que asocio a mi persona. Dicho de otra manera, mi reflejo es lo que percibo a través de mis sentidos, gracias al cual puedo ver el espejo.
Y ahora, en segundo lugar, qué significa el “yo”. Ese “yo” es el conjunto de características físicas, psicológicas y sociales que asocio a mi persona. Pero, si el yo es un concepto intrapersonal, mientras que mi reflejo es una asociación directa con mi persona, ¿estamos seguros, entonces, de que nuestro reflejo solo lo percibimos a través de nuestros sentidos?
Está demostrado que la percepción de nuestros sentidos no siempre es correcta ‒debido a enfermedades, drogas, medicamentos…‒, pero nosotros siempre tenemos una idea clara de nuestro reflejo; siempre nos identificamos con este a pesar de no saber si podemos identificarlo correctamente. No siempre vemos el mismo reflejo. Según circunstancias, podemos ver algo diferente. Una persona alegre verá una sonrisa; una persona vigoréxica puede ver sólo su cuerpo; y una persona depresiva puede ver un diablillo. Una misma persona, dependiendo de su estado de ánimo, puede cambiar su propia percepción del “yo” y, por ende, identificarse con otro reflejo, ya sea de manera positiva o negativa. En un buen día, un examen muy difícil aprobado creará un ganador, un ser inteligente. Sin embargo, un mal día creará todo lo contrario. Llevándolo a un caso más extremo, una persona traumatizada verá un “yo” completamente alterado y su reflejo también estará alterado, distorsionado.
Y, ahora, me vuelvo a preguntar: ¿Qué es lo que veo cuando me miro al espejo?
Alexandra Vallejo Buergo