Dentro de unos meses, podré ejercer mi derecho al voto. No sé si alegrarme, ya que no sabría elegir. Sabría a quién no votar, pero no a quién votar; y se me ocurre que tal vez la filosofía pueda ayudarme con esta decisión.
Decía Platón que el conocimiento se puede representar con el símil de una línea, que iría desde el extremo de la ignorancia hasta el de la sabiduría, pasando por distintos grados o niveles de conocimiento: del dominio de las artes, al de la ciencia y las matemáticas y, justo antes del extremo de la sabiduría, el dominio de la dialéctica. Para Platón, en el fondo, los extremos son “ideales” o “contraideales” que no se dan en la realidad cotidiana en la que vivimos.
Si yo tuviera que situar en esa línea a los partidos políticos que veo en las noticias, hay alguno que, en mi opinión, estaría muy cerca, casi tocando, el extremo de la ignorancia; y digo que no están en el extremo porque, además de que Platón afirma que no se dan en nuestro mundo, la verdad es que ignorantes, lo que se dice ignorantes, está claro que no son. Saben bien lo que hacen y lo que dicen, porque hasta consiguen que se les vote… Hablo de partidos, no de personas como hace Platón, porque a las personas no las conozco, pero como son las que deciden lo que hace el partido, me vale para este ejemplo.
En cuanto al resto de partidos, no parece que ninguno tenga un verdadero dominio de las artes, me explico: los artistas están descontentos quejándose continuamente de una falta de ayudas, del cierre de cines, de la poca gente que va al teatro, de lo poco que se lee… parece que estos políticos no se ocupan mucho de estas cuestiones. ¿Y de la ciencia que está ahora todo el día en las noticias a costa de la pandemia? ¿qué pasa con la ciencia y los partidos políticos? Parece ser que los mejores investigadores españoles están trabajando fuera de España, porque aquí no se invierte mucho en ciencia. Investigar lleva tiempo, no interesa, o no interesaba y ahora quieren que vuelvan todos para conseguir la vacuna.
Hasta aquí, he utilizado el símil de la línea. Simplificándolo mucho, podría decirse que casi ningún partido domina esos puntos intermedios, así que las cosas no serían las “ideales”. Sin embargo, cuando llegamos a la dialéctica, parece que todos se defienden bastante bien: todos argumentan, justifican y convencen a cientos de miles de personas con sus campañas para que les voten. Y entonces yo me planteo si no será que se puede dominar la dialéctica sin dominar los otros niveles de conocimiento. Hay que reconocer que hay mucha ignorancia entre los votantes, que no cuestionan ni ponen en duda nada de lo que les cuentan los partidos. Pero, claro, esta es mi opinión, no un conocimiento ni una verdad que todo el mundo comparta.
Clara Racamonde Acebal