Definimos como perfecto aquello que no tiene errores ni defectos, es decir, que es la mejor versión posible de todas las que podrían haber existido. ¿Pero existe algo realmente perfecto? ¿Existe alguien que pueda decir, sin mentir o sin pecar de engreído, que no tiene ni un solo defecto?
El qué consideremos a algo o alguien perfectos depende mucho de en qué aspectos nos basemos y qué cualidades consideremos necesarias para ello. Cada persona tiene sus propios ideales y objetivos, además de diferentes intereses y cualidades. Eso nos hace muy distintos a unos de otros. Así, lo que para una persona puede ser perfecto, para otra puede ni acercarse a lo que ella considera como el ideal.
La forma de ser de las personas y su percepción de sí mismas también juegan un papel muy importante a la hora de juzgar sobre la perfección. No todos tenemos el mismo nivel de autoexigencia. Esto afecta directamente al esfuerzo que realizamos al hacer las cosas y a nuestra opinión sobre los resultados que obtenemos.
La búsqueda de la perfección parece ser innata al ser humano y, en mi opinión, es natural que intentemos dar la mejor versión de nosotros mismos. Pero ello no debe hacernos caer en la obsesión o en sentirnos un fracaso si no conseguimos todo lo que nos proponemos.
Marta Álvarez Cuervo