Siempre me ha fascinado cómo pueden ser tan variadas y diferentes las relaciones entre individuos, sobre todo al compararlas con la mías. Unas acaban bien, o al menos no tan mal, y otras acaban como el rosario de la aurora.

Hace no mucho, una amiga me puso la siguiente imagen: cualquier relación puede interpretarse como un plato de huevos con beicon. Los huevos representan a aquella persona que no aporta nada a la relación; aquella que simplemente recibe sin dar nada a cambio; como la gallina, que simplemente pone huevos, pero no le cuesta nada a parte del esfuerzo de crear y expulsar. El beicon es todo lo contrario, aquella persona que se sacrifica por que todo salga bien, para que la relación se mantenga; así como el cerdo se deja la vida para que el plato sea perfecto y delicioso.

Este símil hizo que me preguntase: ¿Con cuál te identificas tú y con cual identificas a la otra persona? Yo me identifiqué con el beicon, puesto que siempre he intentado que mis relaciones, sean del tipo que sean, transcurran de la mejor manera posible. Sin embargo, detecté que hay personas, con las que mantengo relaciones, que no son beicon, sino huevos. Es decir, en algún caso he sentido que eran los huevos del plato, y no se molestaban en hacer nada.

Por ello, recomiendo que de vez en cuando todo el mundo eche un vistazo a sus relaciones, ya sean de amistad, familiares o de pareja, y le apliquen ese símil, para darse cuenta de verdad de cómo son las personas que nos rodean.

Irene Álvarez Llaneza