Una persona puede llevar una vida completamente normal, tener un amplio círculo social, charlar con sus amigos, exponerse a un público… y, aun así, cargar con un sentimiento de soledad constante y amargo. ¿Por qué hay ocasiones en las que nos podemos sentir solos aun estando rodeados de una multitud de personas?
Hoy en día, mucha gente cree que la soledad simplemente consiste en la falta de contacto humano. Pero la soledad, en realidad, es un estado mental similar a la depresión o la ansiedad. Aunque mantengamos conversaciones con personas de nuestro círculo social cercano, si estas son demasiado triviales, no nos ayudan a sentirnos seguros o comprendidos. En el fondo, seguimos sin compartir nuestros sentimientos más profundos y, por ello, nos sentimos desamparados y atrapados en nuestros pensamientos. Es cierto que la soledad puede ser buscada a propósito. Las personas introvertidas se sienten más a gusto en soledad. Disfrutan más de su propia compañía y sus reflexiones, pues pueden incluso llegar a inspirarse a raíz de la soledad. ¿Pero puede esta soledad ser perjudicial para la salud? Sea buscada o no, el sentirse en soledad durante mucho tiempo puede derivar en problemas graves como la depresión o el suicidio. Enfermedades como el Alzheimer o problemas del corazón son más comunes en personas que pasan mucho tiempo en soledad.
En conclusión, la soledad es un estado mental negativo que puede ser perjudicial para la salud. No sólo consiste en no establecer relaciones con otras personas, sino también en no expresar lo que pensamos o en no conseguir sentirnos comprendidos.
José Antonio Álvarez Fernández