¿Te has preguntado alguna vez por qué tu vida es como es, y no de otra manera? Si te pones a pensar, ahora mismo eres el fruto de todas las decisiones que has tomado a lo largo de tu vida y de todas las cosas que te han ocurrido. ¿Pero por qué han sido esas en concreto, y no otras?
A lo largo de la historia de la humanidad, las personas hemos intentado responder a esta pregunta. Las religiones, desde tiempos inmemoriales, sostienen que hay un dios, o varios, que todo lo saben y todo lo pueden, y que son ellos los que deciden qué ocurre con nuestra vida. Pero también hay una concepción moderna del “destino”, una especie de poder sobrenatural que determina y guía nuestra vida, y los sucesos que vivimos.
Se le ponga el nombre que se le ponga, el elemento común que tienen todas estas creencias es que las cosas que nos ocurren no son por casualidad. Ya sea por las acciones de un dios, o del destino, nuestra vida está de algún modo ya escrita y no es algo que podamos cambiar.
En mi opinión, esto no es exactamente así. No es que haya “algo” o “alguien” que esté detrás de todo, planeando las vidas de todas las personas que pasan, han pasado y pasarán por la faz de la tierra. Yo creo que nuestras decisiones, nuestros actos y los sucesos naturales tienen una explicación científica que nada tiene que ver con un dios. Nosotros construimos nuestras vidas; no sólo con las decisiones que tomamos, sino también con la forma que tenemos de reaccionar a las cosas que nos pasan y de tomarnos la vida en general.
Marta Álvarez Cuervo