Cuando surge algún debate o comentario sobre la diplomacia, siempre va ligado a algún conflicto bélico, por lo general actual. Y entonces siempre surge la pregunta: ¿Pero sirve para algo la diplomacia?

Antes de centrarnos en su utilidad, hay que definir lo que es diplomacia, en qué consiste. Según la RAE, es la rama de la política encargada de las relaciones internacionales. Kant la relacionaba con el “derecho cosmopolita”, que es el conjunto de normas que rigen las relaciones entre distintos Estados. Para que se dé un mundo pacífico, es necesario un organismo que regule la paz entre los países. Por eso existen organismos como la ONU, uno de cuyos objetivos es precisamente mantener la paz y la seguridad internacionales. ¿Pero lo consigue? A primera vista no, pues actualmente se están desarrollando conflictos bélicos; la guerra entre Rusia y Ucrania es el conflicto que tenemos más reciente y cercano. ¿Y si lo miramos en retrospectiva? Organismos anteriores a la ONU, como la ya extinta Sociedad de Naciones, tampoco parece que sirvieran para nada; al menos no a gran escala, pues se acabó con la Segunda Guerra Mundial.

Si nos centramos en los grandes conflictos internacionales, es decir, las grandes guerras, la diplomacia ha servido de poco. Pero, aun así, no se le puede quitar todo su valor, puesto que gracias a la diplomacia se han llegado a evitar otros conflictos de menor escala. Lo que sucede es no nos enteramos por una característica importante de la diplomacia: la discreción. Para que la diplomacia funcione es necesario que no llame la atención, pues cuanta mayor atención mediática haya, más probabilidad existe de que los objetivos que se persiguen con ella, la firma de pactos, no se alcancen.

Sin embargo, la diplomacia no sólo actúa en conflictos bélicos; también media la diplomacia en: acuerdos comerciales entre países, toma de medidas frente a problemas comunes, discusiones sobre aspectos de un país que afectan a otro… Todos estos temas son llevados por diplomáticos. Una figura diplomática actual, por ejemplo, es la figura del rey en España. El rey viaja a otros países como diplomático. Son pocas las veces en las que nos enteramos realmente de las discusiones que tienen lugar en las salas donde charlan, pero es un hecho que la figura del rey no solo actúa como mediador entre partidos políticos dentro de España, sino también como emisario y como mediador entre España y otros países.

Ahora bien, es cierto que, si nos salimos de las propuestas comerciales y la firma de acuerdos económicos entre países, la diplomacia no parece lograr frenar a tiempo los conflictos a gran escala. Y ese es un problema, pues una de las funciones de la diplomacia es mediar. Si no se llega a acuerdos comunes entre miembros de organismos diplomáticos, como es la ONU, en situaciones como guerras, ¿qué se puede esperar? Uno de los factores culpables de esta inoperancia es el derecho de veto de los países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad, el encargado de hacer frente a esta clase de problemas. Estos cinco miembros fijos son: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido. Teniendo en cuenta las disputas que hay entre Estados Unidos, China y Rusia, es claro que las medidas que unos propongan serán vetadas por otros, simplemente porque a ellos o a sus aliados no les conviene, aunque para la mayoría sean medidas necesarias. Esta incapacidad y falta de rango de acción se ven meridianamente en la guerra entre Rusia y Ucrania.

En definitiva, tomando en consideración lo dicho sobre la diplomacia, ¿es realmente necesaria? A mi parecer, la diplomacia es necesaria para acuerdos que no conlleven un componente bélico, ya sean respecto al comercio, la economía, la migración, etcétera. Pero su función en enfrentamientos militares es escasa, y las medidas tomadas acostumbran a llegar tarde. La diplomacia es necesaria, sí, pero la diplomacia con enfoque militar a gran escala debería ser cambiada, pues a lo largo de los años hemos podido ver su ineficacia. En mi opinión, las medidas que se tomen deberían llegar más rápido y ser más eficaces. Pero esto es algo difícil de llevar a la práctica. Una mejora en este sistema diplomático sería de ayuda, siendo utópico pretender cambiarlo de la noche a la mañana. Un cambio gradual sería necesario.

Covadonga Causo Peláez