Navegando por las redes, es imposible no encontrarse alguna vez con un perfil que defienda el poliamor o las relaciones abiertas. Echando un ojo a esos contenidos, se abre un interrogante: ¿Es preferible la monogamia o el poliamor?
Desde un punto de vista biológico, los seres vivos buscan dejar la mayor cantidad de descendientes posibles, lo que en el caso de las especies sexuales (Intervienen dos organismos de la misma especie, pero de sexo distinto) implica mantener relaciones sexuales con distintos individuos y no centrarse en uno solo. En el caso de los seres humanos, el interés procreativo pasa a otro plano y nos deja otra razón: el placer sexual. El placer sexual, como motivo, abre un abanico de posibilidades que ahora no trataremos, pues vamos a centrarnos en las relaciones. Para muchas personas, lo más satisfactorio es compartir el mayor tiempo posible con un solo individuo; es lo que conocemos como monogamia. Algunas personas, sin embargo, prefieren no buscar una relación estable y prefieren mantener varias relaciones. Otro caso es el de aquellos que tienen una pareja fija, pero que, previo consenso, para que ambos integrantes de la pareja estén cómodos, mantienen relaciones y comparten momentos con otras personas que no son su pareja. Y un cuarto caso puede ser el de quienes no forman pareja, sino que son más de dos personas inmersas en una relación cerrada.
Desde mi punto de vista, ninguna de las anteriores opciones ‒u otras diferentes que se nos pudieran ocurrir‒ tienen nada de malo. Todas son correctas, dentro de un orden ético-moral. Lo importante es que haya comunicación y, sobre todo, madurez; puesto que, cuando no las hay, surgen los problemas y, en algunos casos, las traiciones. Y, al igual que no todos somos capaces de poder mantener una relación abierta, otros tampoco tienen por qué ser capaces de mantener una relación monógama, o ni siquiera una relación.
Irene Álvarez Llaneza