La tecnología avanza cada día más rápido; tanto, que a veces da miedo. A lo largo de su evolución, los humanos siempre han buscado satisfacer sus necesidades y deseos de la forma más sencilla posible. Y, en la actualidad, los científicos han conseguido desarrollar un artefacto más que facilita sus vidas. Pero este artefacto ya no es como los demás. Su capacidad de cognición es equiparable a la humana y su utilidad es casi ilimitada. La Inteligencia Artificial (IA) es un nuevo concepto, que ha generado un arduo debate entre sus creadores; y que, entre los filósofos, ha dado lugar a la cuestión del transhumanismo.

El uso de las nuevas tecnologías parece avanzar hacia una sociedad de cíborgs ‒humanos que aún conservan algunas partes orgánicas, pero que presenta dispositivos cibernéticos con intención de mejorar sus capacidades biológicas‒. El desarrollo de la IA parece ser tan solo un paso más hacia el futuro al que se está dirigiendo la humanidad.

Los temores que genera la IA se basan en la posible instalación de esa inteligencia en un cuerpo biónico donde la chapa reemplace a la piel y la sangre sea cambiada por la electricidad. Con programación autónoma y sensores capaces de adaptarse a situaciones nuevas, serían las máquinas perfectas para sustituir al hombre en muchas de sus tareas. E incluso con un poco más de desarrollo de sus capacidades, las máquinas podrían encargarse de su propia fabricación. De esta forma, los humanos podrían dedicarse a nuevos objetivos. Pero cabría la posibilidad de que, con su evolución, las máquinas llegaran a rebelarse. ¿Sería ese el final del ser humano a manos por su propia creación?

Existe una serie de detalles que hacen único al ser humano, y que ninguna máquina lograría desarrollar. Por muy bueno que sea su sistema de imitación, los robots carecen de emociones. Los humanos tienen la capacidad de reconocer problemas complejos y resolver dilemas morales relacionados con la muerte o la felicidad. ¿Cómo podría reclamar un robot su libertad si no tiene la necesidad de buscar mejores condiciones para ser más feliz? Los androides están diseñados como instrumentos para obtener un fin, mientras que una persona es un fin en sí misma. Por consiguiente, una máquina no podría ser nunca una persona.

Nerea Lago López